Tejidos con nostalgia vintage

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Una introducción a la estética de la firma mexicana Gigi de Angora según la mirada atenta de la historiadora especializada en Sociología del diseño, Andrea Bravo

Fotografías de Nadia Massun. Gentileza de Gigi de Angora

Genoveva Álvarez Urbatjel (Ciudad de México, 1967) es una actriz y tejedora mexicana de ascendencia francesa que urdió la marca Gigí de Angora pese a que no se considera diseñadora de moda.

Ella hace ropa de la que luego le cuesta mucho trabajo desprenderse. Teje con con madejas de lana fina e imaginación. Su trabajo se mueve entre el arte, el diseño, el tejido a mano y la  performance.  Se formó como actriz desde niña y durante su juventud participando en talleres y obras de teatro. Su vocación en el manejo de la lana, las agujas y toda la variedad de puntos comenzó también muy joven. Se instruyó en las técnicas de crochet con doña Tiquia, quien de mañana hacía limpieza en la casa vecina y por las tardes enseñaba a tejer a las niñas del barrio de Coyoacán. De adolescente Genoveva perfeccionó con su madre el punto derecho, el revés y el tricot. Siguió tejiendo para ella y luego también para sus hijos. Compulsivamente. En los tiempos libres, en el semáforo, en el consultorio, como ansiolítico, por diversión. Lo primero que tejió formalmente fueron algunos pantalones, inspirados por la magia de un par de calzas tejidas de su juventud, las cuales usó hasta que se deshicieron porque hacían el efecto de tonificar las piernas flacas y levantar la cola. Después, intuitivamente incursionó en el mundo de los olanes y bombachas a crochet, los pullovers con estampados de animales… los cuellos en forma de corazón, sombreros con trenzas y estolas de zorro. Todo impregnado de la nostalgia de lo vintage. Con aroma a los veinte, treinta y cincuenta. 

Su carrera como tejedora profesional despegó en 2001, cuando participó en un desfile de moda en el Museo de Historia Natural del entonces D.F.  Genoveva cuenta que los tejidos que presentó en el evento —corpiños, bragas, mallas de baño cincuenteras, un peluquín empolvado estilo Luis XIII, y otras variedades—  todavía no contemplaban los modos profesionales de la moda: las prendas no estaban del todo terminadas, no eran del todo usables y no tenían etiquetas ni precio. 

Vestidos para flaperas . Fotografía: Gentileza Gigi de Angora

Al poco tiempo, en una movida similar a la propuesta comercial y cultural porteña de los Diseñadores del Bajo en la Galería Larreta durante comienzos de 2000, Genoveva y algunas otras creadoras fundaron Cooperativa 244 en el barrio de la Condesa en la Ciudad de México. Ésta fue la primera tienda de diseñadoras y joyeras independientes mexicanas; participar de este proyecto impulsó el valor simbólico del trabajo de Genoveva y le dio exposición en algunos de los circuitos de moda más importantes del país en ese momento, por ejemplo las Fashion Weeks.

 Un desinterés genuino por las ventas y el apego a sus creaciones, hicieron que las intenciones de Genoveva, por un tiempo, se volcaran más al arte de la escena y el tejido que al negocio de la moda. 

En 2012, la adrenalina de la escena la llevó a montar  —junto con su hijo Manuel Rivas, y Adriana Olivera ‘La Pajarita’—, un número de burlesque pensado desde la sensibilidad y sensualidad femenina. Un show de mujeres para mujeres. Hacerlo no era muy difícil: tejerse la ropa, pintarse los labios cereza, los ojos de gato y las piernas al aire. Tejer, vestirse y luego desvestirse.  Entonces los tejidos de Genoveva acentuaron su sabor estrafalario, un gusto por hacer público lo que es íntimo: bombachas, ligueros, escotes tipo pin-up y sombreritos cloche. Fundó la marca de ropa tejida a mano Gigi de Angora. Prendas cándidas, minuciosas y picantonas que se mueven entre el erotismo naive y la ridiculización glamurosa.

 

Su proceso creativo es espontáneo y caótico. Va de una idea o un capricho a otro. Muchas veces teje varias piezas al mismo tiempo. No hay dibujos ni patrones de por medio, le gusta trabajar sin guión en el teatro y también en el tejido. Haciendo las puntadas es que va decidiendo a dónde ir y por eso todas las prendas son resultado de sus deseos, imaginación y experimentación sobre su propio cuerpo (todo lo teje a su medida). 

Patchworks multicolores que contrastan con street- wear. Foto: Nadia Massun

Entonces los tejidos de Genoveva acentuaron su sabor estrafalario, un gusto por hacer público lo que es íntimo: bombachas, ligueros, escotes tipo pin-up y sombreritos cloche. Fundó la marca de ropa tejida a mano Gigi de Angora. Prendas cándidas, minuciosas y picantonas que se mueven entre el erotismo naive y la ridiculización glamurosa. 

Cuando era niña, Genoveva jugaba en secreto a ser señorita. En el seno de una familia intelectual del México de los setenta la vanidad era tabú. El maquillaje, los tacones y las pantimedias estaban prohibidos en su casa y entonces para ella se amplificaba la fascinación por la coquetería y las cosas de mujeres. 

De ese capricho infantil por los tacones, el rubor y los escotes, están impregnadas las prendas de Gigi de Angora. Los calzones, guantecitos y corpiños tejidos con minuciosidad de abuela y sagacidad de madame, exploran desde la intimidad y el desenfado, distintas formas de habitar los deseos femeninos. No es gratuito que la imaginería que habita las creaciones de Gigi sea una recolección caótica y nostálgica de formas y vanidades de las décadas del siglo XX más interesadas por subrayar la feminidad.

Mientras exploran la morfología de la ropa que se vestía en otras décadas, los tejidos de Gigi también indagan sobre los mandatos y cánones de belleza. La idea es tejer ropa para cuerpos de mujeres no prototípicas; gordas, bajitas, torcidas. Las propiedades del tejido lo facilitan porque su elasticidad abre la posibilidad de pensar y vestir una diversidad de cuerpos. Una madeja de estambre en una vidriera de mercería es motivo suficiente para fantasear con colores, puntos y combinaciones que resulten en un tejido Gigi mágico, un amuleto con el que una mujer puede ser fantástica, cumplir todos sus sueños y convertirse en todo lo que siempre ha querido. 

En diciembre de 2021, Genoveva presentó en la Ciudad de México su primer desfile de moda con la marca Gigi de Angora. Algunas de las prendas más aplaudidas fueron un jumpsuit rosa malva tejido en jersey que con un contraste de puntos quisquillosos marca los pezones, el ombligo y el pubis de un cuerpo femenino. Otro fue un vestido de novia convertido en una malla de baño de los años cincuenta con la vagina también marcada. Algunos vestidos coctel de los veinte, un torso femenino desnudo adornado con un cuello tejido y pasties. Una cola de sirena color rojo gules. 

Estos días Genoveva teje, en su cama, con la pierna rota, un cuerpo desnudo a pedido de una clienta. Le va a costar trabajo entregarlo. Antes, tiene pensado estrenarlo en un número burlesque para festejar su cumpleaños. 

El vestido de tricot con pequeños botones y un lazo a tono con la cloche

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