Nuestra colaboradora se tomó un respiro de la vorágine mediática que acompañó al lanzamiento de “Lux”, el nuevo disco- obra conceptual de Rosalía, para honrar la imaginería religiosa y analizar los artilugios estéticos afines a las monjas, las vírgenes y las santas (y trazar un arbitrario collage en modo “editor´s pick”, ésos que abundan en las páginas brillantes de las revistas de moda).
A pocos días de haberse presentado, ya se dijo demasiado de LUX, el nuevo disco de Rosalía. Mediáticamente, me pareció agotador; pero artísticamente, atrevidísimo y brillante. Un contraste de géneros, idiomas e inconsistencias temporales imprudente, pero un talento tremendo para hacer que lo improbable haga tanto sentido de forma tan bella. Pero más allá de los análisis musicales, literarios, e incluso políticos, para los que no estoy capacitada, me interesa hacer una lectura del uso de la imaginería religiosa en esta aventura mística de la Rosalía.


De un tiempo para acá he desarrollado un interés particular en la estética de las vírgenes,
las monjas y las santas. Personalmente, tengo la sensación de que revisitar su dimensión visual, me ha permitido repensar la herencia de la educación católica, atravesada por las ideas de culpa, pecado, sacrificio y restricción. En esta línea, LUX recupera elementos y formas solemnes del catolicismo desde el capricho, la coquetería y la pasión interior, para
resignificar el adoctrinamiento anti placer y anti deseos.
* ¿Vestida de monja?
En la portada del disco, Rosalía aparece ataviada con una toca y un vestido blanco que le
aprisiona las manos, como a una histérica en un psiquiátrico. El hecho de que no vista un velo negro sobre la toca blanca es quizás señal de que más que una monja, la de la portada es una novicia. Una mujer en formación, antes de hacer los votos solemnes. El dato es importante porque una novicia no necesariamente deviene en monja; de hecho, la “novicia que no se hace monja” es el arquetipo de mujer que representa el conflicto entre el deber [religioso, aprendido] y su deseo.
Quizás la mujer de esta portada es una encendida por la pasión, pero no la pasión por Cristo, sino una mujer encendida por su propia pasión. Una loca, quizá.
Quién pudiera
Vivir entre los dos
Primero amaré el mundo
Y luego amaré a Dios
* El blanco
Del blanco no hay mucho que decir. Significa pureza, ya lo sabemos. Pero del blanco-
pureza al blanco-terrón de azúcar-diamante-porcelana-perlas-cielo de madrugada-
sauvignon blanc… hay un ensamble mucho más sugestivo y goloso. No tan devoto y más
redentor:
Ya no quiero perlas ni caviar
Tu amor será mi capital
¿Y qué más da si te tengo a ti?
No necesito nada más
Un Sauvignon Blanc
A tu lado, mi futuro será dorado
El blanco, en este caso, a lo mejor va más bien en su acepción de simpleza. Pero otra vez,
una simpleza no tan pía sino más bien emocionalmente transparente, genuina:
De demostrar que te he pensado y te he extrañado
Yo me sé tus deseos indeseables
Mi aliento es el viento que te roza el pelo
Y, por amor, estoy detrás
*El corazón
En la iconografía cristiana, el corazón tiene muchos matices, todos en el mismo tono
amoroso ardoroso: entrega, alma, fervor, dolor, sacrificio, redención.
En todo el disco, pero sobre todo en el video de Berghain, el corazón es protagonista: como
camafeo, coronando su cama, siendo sujeto de un electrocardiograma…
Ich bewahre viele Dinge in meinem Herzen auf
Deshalb ist mein Herz so schwer
[Guardo muchas cosas en mi corazón
Por eso mi corazón está tan pesado]
En las representaciones católicas explotan los corazones sangrantes, flameantes y acuchillados de la Virgen María y las esposas de Dios. Pero el de la Rosalía, aunque definitivamente es un corazón en fuego, no es santo y puro. El suyo es fervoroso en tanto es stalker, ansioso y vanidoso:
No me gusta hacer intervención divina
Pero, a mi baby, yo lo voy a stalkear
Pa’ poderlo enamorar
Yo sé muy bien lo que soy
Ternura pa’l café
Solo soy un terrón de azúcar
Sé que me funde el calor
Sé desaparecer
Cuando tú vienes es cuando me voy
Yo quepo en el mundo
Y el mundo cabe en mí
Yo ocupo el mundo
Y el mundo me ocupa a mí
* El resplandor
En MOTOMAMI, el elemento insignia fueron las uñas insensatas. Ahora, el toque provocador es el aura beatífica decolorada sobre su cabello. Los resplandores, aureolas, nimbos y halos de luz son un atributo figurativo del arte sacro (no solo cristiano), que representan la excepcionalidad de una persona y su cercanía a Dios. Es un símbolo de la luz que emana del cuerpo por vivir en gracia y en amor perfecto (lo
que sea que esto signifique) y haber sido tocada de manera especial por la gracia divina:
Through my body, you can see the light
Bruise me up, I’ll eat all my pride
I know that I was made to divinize
Outside me
Inside me
Outside me
Inside me
[A través de mi cuerpo, puedes ver la luz
Golpéame, me tragaré mi orgullo
Sé que fui creado para divinizar
Fuera de mí
Dentro de mí
Fuera de mí
Dentro de mí
En fin, estamos ante una Rosalía que abre la puerta a regodearse en las lágrimas dolorosas, las
pequeñas maldades, el anhelo sensual y las tentaciones del espíritu y de la carne.

