Desde Los Hilvanes de Felisa, la escritora y periodista de modas rescató para Sucesos de Moda, un texto sobre la apropiación de los prints de inspiración floral afines a los batones y las menudas corolas , de parte del Prêt-à-porter en la temporada de 1965. El artículo fue escrito para el suplemento “para la mujer” editado en dos ocasiones por “Primera Plana”. Aquí, sus habituales guiños a la moda democrática y el gesto de honrar tanto a los estantes con géneros de tiendas de campo como a los de la chiquérrima tienda Liberty.


A la izquierda, María Larreta , cover girl en Primera Dama, – 1965-mientras que a la derecha, María Larreta, modeló una minifalda en una producción de moda espontánea- 1966-.
¿Quién no las vio atravesar el campo o la sierra, con sus vestidos baratos de algodón estampado, con diminutas flores? A pie o en sulky, hasta a caballo, a veces, cobijadas por un vasto paraguas si “picaba” el sol, humildes y atareadas, las mujeres de la campaña argentina cifraron su escasa coquetería con esas telas salpicadas de menudas corolas.
Los favoritos eran- y son aún- las de “medio luto”: flores blancas o aliladas sobre fondo negro o violeta.
De ahí que, hace unos días, en una tienda de Agua de Oro, en plena serranía cordobesa, las tres clientas habituales apenas podían creer lo que proclamaba la atildada señora que descendió de un Jaguar purpúreo y que compró varios metros de género floreados: que la primavera porteña de Buenos Aires reclamaba ese tipo de telas para sus más refinadas elegancias.
Pero Buenos Aires, al mirar con codicia las estanterías de los almacenes de campo, no hace más que seguir las indicaciones de los más sofisticados figurines europeos y norteamericanos cascadas de mínimas flor es, estampadas en colores planos sobre fondos estridentes, reivindican el estilo que Inglaterra acuñó en sus telas Liberty , a fines de siglo, y que la Argentina recuperó en la década del 30, cuando la invadió el Tobralco.
Quizá a nadie se le ocurrió, hasta ahora, conjugar esas tramas modestas con la fastuosa vocación de la haute couture , Francia, sin embargo , fue la primera en rendirse, ante el prestigio primaveral de las telas paisanas, y sí las francesas miran con ojos atentos la resurrección de las batistas floreadas tan zapatos para derramarse en volados románticos, ha de ser- por lo menos en parte. para escapar a la tiranía de la moda “Bebette” implantada por Brigitte Bardot y sus secuaces. Es también una manera de cumplir el postulado que las señoras chic de Francia se empeñan en observar devotamente parecer pobres.
En Londres y en Nueva York, huracanes de pétalos de colores resplandecientes vuelvan su candor sobre las grandes tiendas y “las boutiques”, en abierta rivalidad con las bizquantes seducciones del “op art”. Casi son estados de ánimo: la mujer enérgica , decidida y conquistadora prefiere los exactos juegos geométricos del op; las florecillas oponen un hálito de feminidad algo sentimental , hasta un poco aniñada.
Las corolas silvestres están en todas partes: ropa interior, sombreros, carteras, medias (diminutas y pálidas rosas sobre fondo blanco), atuendos de mañana, de cóctel y de gala. Tampoco la decoración es ajena a su poética dictadura: cortinas, toallas, telas de tapicería , alfombras y cacharros que algunos exóticos artesanos pop realzan con capullos de colores.
Varios diseñadores de “boutiques” porteñas observan que esa prodigalidad y la relativa baratura del material aseguran la ventaja de las pequeñas flores llevan sobre las demás tendencias veraniegas, y advierten a Primer Dama que el estilo exige su impresión sobre batistas finas pero que ” la invasión de los estampados se ha vuelto desenfrenada y ahora transitan por toda clase de fibras”,
Ocurre que a veces no se obtiene una ajustada réplica del Liberty original: “ya que no siempre- explica un entendido – los dibujantes industriales captan el clima justo, ya sea por la dimensión de las flores, ya sea por el tono y los contrastes”.
Sin apelación, las telas deben ser de apariencia modesta, opacas, y los fondos de los dibujos tanto o más visibles que las propias guirnaldas. Exponentes de la mejor tradición del Liberty (fondo negro o azul oscuro, con menor frecuencia, blanco) pueden conseguirse en Buenos Aires , en Marisha, Botica, Ella, Look, Mayin y otras boutiques dedicadas al Prêt-à-porter
Los vestidos de algodón cuestan entre 2 mil y 3 mil pesos, alrededor de 5 mil los wash and wear; desde 6 mil, los de piqué, y más de 8 mil los de seda natural.
La blusa corta “Chemise” en algodón comprado en las sierras de Córdoba que lleva la modelo María ( se refiere a María Larreta) en este artículo de Primera Dama, no sobrepasa los 1500 pesos.
Texto de Felisa Pinto y fotografías de Juan C Quintá (publicado en octubre de 1965, en el suplemento de Primera Dama”,


