El placard para viajes de Franco Dupuy

por

Director de publicidad, fotógrafo cuyas historias exploran la intersección entre la memoria, lo efímero y la belleza de lo cotidiano. Autor del fotolibro, Debut y Despedida, publicado en 2024 por @ParipeBooks, sus comerciales circulan por el circuito de festivales tales como Cannes Lions. Desde México, la ciudad en que se radicó comparte con Sucesos de Moda, una selección de prendas icónicas que lo acompañan o suma en sus viajes.

“Este año viajé bastante, un poco por trabajo, otro tanto por placer. Y como suele ocurrir, terminó siendo una mezcla de ambos. Cada viaje implica una batalla silenciosa con la valija. Por un lado, te convencés de que podés reducir tu vida a esos injustificados y siempre insuficientes 23 kilos. Pero, a la vuelta, ese mismo equipaje empieza a expandirse, a rebelarse. Y ahí está uno, entre los pasillos de La Lagunilla un domingo, fingiendo que todo va a entrar de regreso, que no habrá sobrepeso, que de alguna forma todo cabe en la carry-on. Nos engañamos con estrategias ridículas: “me lo pongo encima”, “lo llevo en la mano”, “esto seguro pesa poco”, hasta que el fin del viaje se vuelve un juego de Tetris donde por supuesto uno nunca gana. (¿Alguien alguna vez ganó jugando al tetris? Lo pregunto en serio)

Las prendas que elegí para este recorrido pertenecen a dos mundos que se cruzan: Por un lado, las que siempre ganan la batalla por un lugar en la valija. Por otro, lasque, como quien no quiere la cosa, se fueron sumando en el camino. En este caso, en México, donde me encuentro ahora.

Franco fotografiado por Belén Arana

Una camisa cruda de Comme des Garçons, vintage, de los años 90. El cuello puntiagudo es una pequeña rareza, una pieza que se desliza con facilidad entre distintas situaciones. Es de esas camisas que, por alguna razón, te hacen sentir a salvo y encima ‘bien vestido’ (signifique lo que cada uno quiera). Pienso que todos deberíamos tener una prenda así, una que nos resguarde de lo impredecible. Los jeans son de Arturo Fuego, la marca argentina de mi amigo Juan. Los llevo hace años, y están a punto de desmoronarse. Pero cada rasgadura, cada hilo suelto, habla del uso, del tiempo que los llevo puesto


El collar de ositos y perlas lo compré en la estación de metro ‘Insurgentes’ a unos Gen Z. Lo compré como quien intenta asirse a algo nuevo, sintiéndome en parte ajeno, pero tratando de que los treinta y ocho millones en mi DNI no me dejen detrás.

Foto: Belén Arana

Las botas, que podrían rozar el filo de la apropiación cultural, tienen el poder de hacerme sentir cuatro centímetros más alto. Cada vez que las uso, el “tac-tac” de la suela de madera contra el piso es un pequeño drama que acompaña mis pasos, soundtrack personal.

Las botas tex mex fotografiadas por Belén Arana

Las gafas pertenecen a las primeras colecciones de Alessandro Michele para Gucci. El vidrio ámbar tiene algo de atardecer perpetuo, y se volvió mi favorito para evitar el negro absoluto. Hace años que no uso lentes de sol negros.

Gafas Gucci nunca negras- Foto: Belén Arana

Las mangas las compré en un viaje a Bangkok, en un puestito callejero que insólitamente ‘solo vendía mangas’ (hay mercado para todo). Me arrepiento de no haber comprado más. Son de esas cosas que no ocupan espacio, que se camuflan entre las medias del cajón y se olvidan hasta que aparecen, justo en el momento indicado, para darle una vuelta de tuerca a cualquier look. Un detalle mínimo que me hace sentir más preparado para enfrentar la rave.

“Por último, el cinturón. Ese trozo de cuero que parece dividirme entre lo que era y lo que soy. Un pedazo de mi país, y otro de mi nueva casa”

.

El cinturón campero documentado por Belén Arana
Canal de Vimeo



0