Nació en Buenos Aires en 2000. Comenzó a publicar sus primeros textos sobre estética, sexualidad, videojuegos, memes y moños en el suplemento Soy. En la actualidad escribe una columna mensual en la revista digital La Agenda y cursa la Licenciatura en Artes de la Escritura en la UNA. En 2025 publicó su primer poemario “Aprendiz de Hada”, editado por el sello indie “Pequeña Fortuna”.

“Me gusta combinar lo viejo y lo nuevo. Para vestirme siempre estoy tensando mi obsesión por la estética victoriana y mi educación estética devenida del consumo de animé (a los quince años me teñi el pelo de rosa y nunca volví a mi color natural). Desde que soy muy chica me interesan las subculturas de moda japonesa del barrio de Harajuki. Mi fascinación actual es la moda Lolita, que está inspirada en la estética victoriana del siglo XIX y en el rococó francés. La fantasía ideal para chicas caprichosas como yo que se quieren sentir muñecas vivientes. Más que la compra compulsiva, el Lolita promueve la idea de construir con el tiempo un placard de piezas memorables. Todos los vestidos que tengo los compré de segunda mano pero como las que coleccionamos esta ropa somos muy obsesivas los vestidos siempre están perfectos. Mi favorito es este, el modelo “Summer Fruits” de la marca japonesa To Alice (la Alicia de Lewis Carrol es una de las referencias recurrentes del Lolita). Tiene un estampado de frutillas y gatitas, moños rosas y un cuellito con volados”.


Esta camisa de Comme des Garçons línea Kids acompañó todas las etapas de los últimos ocho años de mi vida. Al igual que el vestido tiene cuellito (a este punto podríamos llamarlo un fetiche) y los detalles son preciosos. Parece frágil pero sobrevivió noches de todo tipo y siempre me hace sentir segura”.


“Hace años mi abuela intuyó que compartimos una mirada estética y me regaló los babydolls y camisones de su juventud que tenía guardados hace décadas. Uso mucha ropa suya y a ella le sorprende que yo quiera salir a la calle con ropa de cama puesta. Este camisón lo compró en el ‘86 y dice que lo usaba una vez por año porque le daba pena gastarlo. A mí me gusta mucho porque, como contaba antes, una de mis obsesiones estéticas es la imaginación literaria del siglo XIX, el cliché de la dama tuberculosa que yace en la cama con un camisón blanco. Me encanta la idea de vestirme para descomponerme románticamente”.


“El cliché de la dama tuberculosa que yace en la cama con un camisón blanco. Me encanta la idea de vestirme para descomponerme románticamente”. Tal es la premisa estéticaque rige su devoción por los camisones blancos.
Todas las imágenes son una gentileza de @antonya.kon
