Un sastre para un gigante

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A modo de representaciones de la vestimenta en la literatura argentina, elegimos un fragmento de “Menos mal”, que integra los “Tres cuentos espirituales” escritos por Pablo Katchadjian y editado por Blatt & Ríos

Ilustración por @franciscaetcheto

“El gigante había vivido mucho tiempo y sospechaba que le quedaba poco. Abrió el armario con ánimo nostálgico y empezó a sacar cosas y observarlas: cajitas, colecciones, frascos. Después se puso a mirar la ropa gastada y vieja: shorts, musculosas, conjuntos deportivos y dos trajes. Uno de sus trajes los había usado en su casamiento y el otro  en el cumpleaños de quince de su hija . “Ahh”.. dijo, porque su mujer había muerto hacía mucho tiempo y su hija vivía en un país en el extranjero. Se puso el traje de casamiento, que le quedaba ajustado; se miró en el espejo y, contra lo que pensó que ocurriría, se empezó a reír: era un traje muy pasado de moda, colorido, y a rayas, con las botamangas anchas. Después se probó el traje de cumpleaños de quince y contra lo que pensó que ocurriría, no sólo no se río sino que sintió un espanto profundo¿él había usado eso? Era color beige, muy holgado y con cinco botones para cerrar el saco. Extendió los trajes sobre la cama y se quedó mirándolos, Después se preparó un té y lo tomó junto a la ventana desde la cocina. 

Cuando volvió a la habitación, vio los trajes extendidos y pensó que la próxima ocasión importante sería su velorio y que si no quería estar muerto dentro de esa ropa vieja y pasada de moda, entonces debía conseguirse un traje nuevo: el último traje…..

Recordó que un tiempo después del cumpleaños de quince de  su hija había cumplido quince años su su sobrina y que, al probarse el traje, había sentido que le quedaba mal; entonces había ido a un sastre magnífico, de noventa años, muy bajito,que le había dicho que se lo probara, lo había hecho dar una vuelta, había tirado un poco de las telas y le había dicho:”Está bien. Hay que abrir el saco de atrás y aflojar las cintura,  y además es un poco largo, ya  no se usa así: hay que acortarlo. Y, aunque el sastre no había anotado ni marcado nada y el gigante se había preocupado, el traje había quedado perfecto y el gigante lo había lucido con dignidad en el cumpleaños de quince de su sobrina.  Así que decidió ir a lo del sastre para averiguar cuánto costaba hacerse un traje a medida; recordó dónde era y se alegró de que fuera cerca y en una zona sin conflicto. Caminó contento hasta el lugar, pero cuando llegó se dio un golpe en la cabeza con la mano abierta  y dijo”!Qué tonto! ¡Cómo no lo pensé antes!  La sastrería ya no estaba: en su lugar había una pollería, y los polleros creían recordar que sí,  que en ese lugar antes había habido un sastrería pero que el sastre había muerto.

“Menos mal”, páginas 60 y 61

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