Hay diseñadores que encuentran su voz en la técnica, otros en la estética. En el caso de Branko Vidosevich, esa voz aparece como un registro íntimo: un cruce entre el diario personal, la intuición y el oficio. A sus veintipico, formado entre Rosario y Buenos Aires, Branko es parte de una nueva generación que piensa la moda como un lenguaje emocional pero también político.

De Rosario a Buenos Aires
Branko empezó la carrera de Diseño de Indumentaria en la UP de forma virtual. Ese comienzo lejos de la capital le dio un tiempo valioso para conocerse, explorar y probar estéticas sin presión. La llegada a Buenos Aires, caótica, intensa e impredecible, fue otra historia: “No logré encontrarme tan rápido, pero cada contacto, evento y trabajo me fue nutriendo sin perderme en el proceso”.
En su formación destaca a docentes que lo impulsaron y lo incomodaron para crecer: Alejandro Ogando, Vanessa Krongold y Patricia Doria “me hicieron salir de mi zona de confort y superarme en medio de las demandas estresantes del rubro”. Y también a quienes celebraron su forma de crear y lo ayudaron a afinarla: Pablo Tesoriere y Cecilia Gadea.“No estaría donde estoy sin todos ellos”, dice.


Una marca que nace desde lo personal
La primera colección de Branko, Tackle, es, en sus palabras, una entrada de diario transformada en diseño. El núcleo de ese debut empezó a escribirse en 2024 y aborda un tema tan sensible como actual: la imposición de una masculinidad rígida en personas afeminadas. Para ilustrarlo, Branko toma como eje visual el rugby, un universo que conoce en primera persona, donde la hipermasculinidad opera como norma y performance obligada.
Lejos de caer en la literalidad, su objetivo es otro: contar historias que nazcan de su experiencia para evitar repetir lo que ya circula en un ecosistema saturado de diseñadores, emprendedores y marcas. “Lo práctico para no caer en la redundancia es hablar desde mis propias experiencias. Eso siempre es único”


El método: concepto firme, camino flexible
Cuando empieza una colección, Branko arranca por dos cosas: el concepto y el objetivo.
El concepto le permite ordenar lo creativo: personajes, colores, siluetas, texturas. Mientras que el objetivo define la estrategia: “En mi primera colección, por ejemplo, la intención es presentar la marca. No conozco del todo a mi cliente, entonces debo mostrar pocas prendas pero muy diferenciadas entre sí, para plantear un universo y propósito estético claro”.
Aun así, no cree en los procesos rígidos y celebrá el modo prueba y error. Si te limitás, terminás copiando la realidad. El núcleo tiene que ser sólido, pero el camino se construye andando”, dice Branko.



Materiales: deconstruir el cuero y otras obsesiones
Entre sus intereses materiales, el cuero ocupa un lugar central. No desde su dureza, sino desde su transformación.Hace unos años experimentó con retazos cortados en forma de gotas y logró un textil fluido, casi acuático. Ese tipo de desafíos el, tomar un material históricamente rígido y volverlo maleable, es algo que quiere seguir investigando: “No alcancé su mayor potencial todavía”, afirma.

Instagram, identidad y el cruce entre vida y obra
Su presencia en redes, tanto en su portfolio como en su cuenta personal, es parte de su marca. No como estrategia performática, sino como manifestación estética: “Descubrí que lo que vuelve única a mi marca es la postura de mis valores personales”.
Pero aclara algo clave: lo personal alimenta el corazón del proyecto; la presentación y las prendas son profesionales y comerciales.
Su última colección, Tackle, es un buen ejemplo: influenciada por el rugby, funciona como una resignificación de un trauma propio con el deporte. No es una narrativa explícita, sino una lectura íntima traducida en las prendas.
Inspiraciones: naturaleza, cine y mundos paralelos
Entre sus fuentes menos obvias, elige dos: la naturaleza y el cine. Y una película como bisagra: Chicago (Robert Marshall, 2002). Más allá del brillo o la música, le interesa cómo narra la historia: dos mundos en paralelo, donde lo real y lo fantástico se mezclan. “Es parecido a lo que hacemos en moda: contamos nuestra realidad desde una dimensión alternativa”.
¿Cómo se vestirá la próxima década en Argentina?
Branko ve un país que reinterpreta tendencias globales, pero desea más libertad y menos miedo.
“Hay mucho miedo a vestirse muy formal, a hacer el ridículo, a salir de la zona de confort. No entiendo mucho la idea de moda timeless, porque lo clásico cambia todo el tiempo. Lo que hoy es seguro, mañana es cringe y pasado mañana es icónico”.


Logística y sustentabilidad
Entre la producción, el posicionamiento y ladistribución, elige un enemigo claro: la logística.
Diseñar es una cosa; monetizar la creatividad, otra muy distinta. “Hay que plantear la rentabilidad, definir precios, pensar alternativas de producción. Todo eso es complejo”.
También piensa en la sustentabilidad como un deber ético: “Es muy difícil darle la espalda al impacto ambiental de la industria”.
Futuro: artesanal, comercial y con conciencia
Se imagina con su marca propia y un universo estético bien definido: piezas únicas, trabajo artesanal, pero también una línea comercial que haga accesible ese mundo sin perder su identidad. Todo eso, sin desligarse del impacto que genera.
Un consejo para quiénes recién empiezan en la moda
Escuchar, pero filtrar. Colaborar, pero sostener los valores propios. Y, sobre todo, recordar algo: “Nadie conoce tu mirada creativa como vos. Lo importante es aprender a distinguir qué comentarios suman y cuáles no”.



