El archipiélago de Mariana Enríquez

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Una mirada acerca de la presentación del libro Archipiélago con énfasis en sus referencias estéticas..

El 14 de noviembre se presentó Archipiélago, un ensayo escrito por Mariana Enríquez y editado por Ampersand como parte de la colección Lector&s, en la que escritores latinoamericanos comparten reflexiones sobre sus lecturas y prácticas de lectura.

El programa transcurrió en Art Lab con la singularidad de una charla/entrevista entre la autora y Malena Rey, editora de Caja Negra, y después, la música bruja y rasposa de Dum Chica. Planazo.

Retrato de la autora, en el ritual de las firmas a sus lectores y fans.( atención a la manita roja)

Llegué a Mariana hace un par de años por recomendación de un amigo muy querido, y aunque el terror y lo sobrenatural no son mis géneros de cabecera, regreso a sus cuentos muy a menudo. De una manera muy particular, sus historias me reconcilian con ciertos pensamientos oscuritos que habitan en mí.

Pero además de su literatura, me interesa mucho cómo piensa Mariana en general, su falta de esnobismo, y sobre todo, la lucidez con la que rehuye de binomios clichés como cool/culposo o correcto/incorrecto. En la conversación con Malena en ARTLAB, Mariana habló con la misma pasión de Taylor Swift, el tenis y Rimbaud. En Archipiélago, su libro, sugiere desinterés por ciertos consagrados del boom latinoamericano y expresa sin mucho pudor, su disgusto por algunos clásicos, su gusto moderado por otros, lo difícil que le resultó leer a Woolf y la imposibilidad de terminar a Proust. 

Además de sus cuentos y opiniones culturales, me encanta el look intenso-emocional/ espíritu-rebelde de Mariana: canas, labios rojos, joyitas varias y pesadas, y una colección envidiable de remeras de concierto y vestidos que me recuerdan un poco a la Ofelia de Millai.

La noche de la presentación, traía un vestido medio dark fairy tale con escote en V, de fondo negro y apliqués de encaje, las manos cargadas de anillos vintage y un charm de una manito rojo (las fuentes de Sucesos de moda, nos dicen que es de la colección Cave Things, diseñada por Nick Cave y que además es devota de los vestidos de “The vampire´s wife”, la firma ideada por la modelo Susy Bick, la pareja de Nick Cave ). Una vibra muy de heroína romántica burguesa combinada con groupie rockera.

Y también que para sus lecturas performáticas comenzó a experimentar con estilistas de moda y maquilladoras. En ocasión de la gira de “No traigan flores” y en Uruguay, ay Enríquez recurrió un vestido color nude con corsage tableado hallado por la creadora de la tienda Cazadora Vintage, una camisa negra con flores de maximalistas de la firma australiana Zimmerman y también a un vestido rojo de Rodarte. Aunque en ocasiones Enríquez porta una tierna medalla de Bambi.

Esa noche, y en el libro también, pienso que alcanzo a leer algo de la relación de Mariana con las prendas: Durante la entrevista, contó que una de las razones por las que se acercó a Rimbaud fue haber visto a Patti Smith usando una remera con la cara del enfant terrible. Un gesto mínimo que se le convirtió en una brújula literaria.

Pero mi referencia favorita sobre Mariana y la ropa está en el capítulo “La isla de las reliquias” de Archipiélago, donde cuenta que, cuando John Keats conoció a Fanny Brawne, su prometida, dijo que era: «Elegante y tonta, vestía a la moda y era extraña». «Es lo mejor que se puede decir de una chica», remata Mariana.

Mariana Enríquez entrevistada por Malena Rey.

Fotos por@maiuchacha( gentileza Prensa Ampersand)

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