
Entre la casa estudio en Buenos Aires y la casa verde en el monte cordobés, entre el boceto a mano y la post edición milimétricamente ejecutada en Photoshop, “los Val Musso” actualizan un relato modernista en cada imagen que piensan, diseñan, enfocan e inmortalizan para concursos, gráficas, editoriales, y muestras en museos. El gesto botánico surrealista se respira en sus producciones y da cuenta de un modo de hacer que lleva varias décadas y se consolida como indiscutible estilo de autor.
Su historia es bien conocida, una dupla que a primera vista coincidió en lo artístico y en lo personal o en lo personal y en lo artístico, si es que acaso esa combinación tenga jerarquías. Se conocieron en la Escuela Superior de Educación Artística Manuel Belgrano, luego caminaron los pasillos de la Prilidiano Pueyrredón y se toparon con la legitimación del campo internacional a comienzos de los dos mil, ya instalados en París, un poco impulsados por la coyuntura política económica nacional de finales de los noventa, pero, sobre todo, por esa pulsión de desarrollarse creativamente como fotógrafos. El destino estaba marcado, solo hacía falta acomodar la escenografía, ubicar las luces y disparar.

Flash! Luciana Val y Franco Musso, con una serie de diez imágenes surrealistas, algunas naturalezas muertas y otras de modelo vivo, que respondían a una selección previa de diez trabajos realizados en otras oportunidades, ganaron en 2004 el primer premio del concurso de fotografía de Hyères y, como consecuencia de ello, un lugar preferencial en las mejores agencias parisinas.
Es que el amor por las bellas artes, por el trabajo bien hecho, minucioso, por la moda y la naturaleza daba sus frutos y abría las puertas de las mejores productoras y casas de moda para seguir creando imágenes con el arte como condición de producción: “Fuimos pasando por distintos períodos porque hace mucho que trabajamos juntos pero el de entreguerras, el modernismo, surrealismo nos influenció bastante en nuestro trabajo y es algo que nos gusta, no sólo en la fotografía de moda si no que es un periodo que nos gusta en el diseño industrial en la arquitectura, en la artes, desde otras áreas también. De todas maneras, vamos buscando otros universos y otras cosas que nos inspiren y nos diviertan. Vamos variando, no nos quedamos solo en eso o en algo que nos guste mucho solo a nosotros. Tenemos la formación de artistas plásticos. La parte técnica de la fotografía la aprendimos de modo autodidacta, con prueba y error, pero la parte de la composición la luz y el color, la traemos desde bellas artes, por eso nuestra forma de ver la fotografía es más de artista plástico que de fotógrafo de moda. Hacemos muchos armados escenográficos, pensamos la foto previamente, durante muchísimo tiempo dibujamos todo lo que fotografiamos, eso lo fuimos dejando. A veces hacemos algunos croquis pero tiene que ver más con cómo queremos armar el set porque nos volvimos más fotógrafos también”.


André Bretón, en su primer manifiesto surrealista dijo que lo maravilloso no es igual en todas las épocas, que en algunos momentos participamos oscuramente de una especie de revelación general de la que solo nos llega apenas algún detalle. Mencionó las ruinas románticas, el maniquí moderno o cualquier otro símbolo capaz de conmover la sensibilidad del hombre durante cierto tiempo, pero aplica también para algún registro de El corazón de panal de miel, una de las más bellas joyas de Salvador Dalí realizada en 1949 al igual que cualquier retrato en acuarela de una Lilium Candidum.
Si bien Bretón tiene un punto, la actualización constante de los legados vanguardistas está mucho más cerca de lo que puede parecer. En esa línea, cada nuevo proyecto de los Val- Musso se reconoce a la distancia , ya sea por el juego de luces y sombras o los montajes que tensionan lo verosímil, ya sea por los accesorios que siempre son concebidos como obras de arte, registrados desde pedestales construidos con fondos espejados, de colores saturados o metalizados.
Da igual quién porte tal o cual prenda, incluso la prenda en sí, porque bajo la lente de Franco y Luciana todo cobra una nueva vida o varias. Los objetos de moda son parte de relatos que poco tienen que ver con sus típicos lugares de circulación, dialogan con tiempos pasados y presentes y se vuelven imágenes distantes a la vez que precisas, como sacadas de un sueño, de un sueño bello. Lo onírico se hace presente en el fluir de la conciencia, en los infinitos discursos que surgen de sus producciones.
Bretón se inspiró en las palabras del poeta francés Pierre Reverdy para sintonizar con la idea de una imagen como creación pura del espíritu, que nace del acercamiento de dos realidades alejadas, que cuanto más distantes sean, más fuerza emotiva y realidad poética percibirá. Eso caló hondo en su pensamiento y dio forma a lo que luego determinó como surrealismo: automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar tanto verbalmente como por escrito o de cualquier otro modo el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento, con exclusión de todo control ejercido por la razón y al margen de cualquier preocupación estética o moral.
Ese movimiento que se definía como un fluir de conciencia, como un pensamiento parlante, que sólo ocurría en los momentos antes de entrar al sueño profundo, puede verse en las creaciones de Elsa Schiaparelli ya entrado el siglo XX, pero también en las últimas colecciones de el más difundido sucedáneo, Daniel Rosberry.
Emanuel Radnitzky, más conocido como Man Ray, es considerado el primer fotógrafo de moda no solo por haber dado los primeros pasos a principios de siglo XX gracias a Paul Poiret quien lo contrató para retratar sus colecciones, sino por crear un estilo totalmente diferente a lo esperable para la fotografía de moda ese momento. El artista estadounidense aportó innovaciones en relación al juego de luces y sombras, a la coloración, a los encuadres. Le agregó narración y libertad a los retratos, en línea con el modo de hacer del momento, las vanguardias históricas.



A partir de ahí, sacar fotos de moda podría volverse una tarea artística por excelencia. Corriéndose de lo publicitario, la dupla creativa conformada por Luciana Val y Franco Musso, entendieron esa posibilidad y disfrutan de cada oportunidad para contar una historia que se desmarque de lo meramente publicitario. Sus clientes lo saben y los buscan especialmente para dar a conocer productos de moda en clave artística. Sus intereses tampoco descuidan el medioambiente, lo botánico no es una pose. Como afirma Luciana: “desde muy chica tenía una faceta mano verde, súper vocacional y de a poco tiene más lugar en mi vida, sobre todo ahora que nos adentramos en el monte. También al ver lo que pasa con el clima, con la naturaleza, hace muchos años que compostamos, que cuidamos el consumo de plástico y tratamos de cuidar algunos hábitos en relación con la naturaleza. Muchas veces lo incorporamos a nuestro trabajo. Incorporamos muchas editoriales de flores que es un poco de traer el mundo botánico a la fotografía de moda”.
A la hora de producir discursos de moda, todo se vuelve una elección. Desde los materiales que se usan, hasta el entorno que se elige, el modo de trabajo y la relación con los otros. Las inspiraciones que se buscan, las palabras que se dicen, la luz que acompaña y el mensaje que se imparte. El gesto tiene que ver con correrse de lo esperable y avanzar hacia nuevos mundos que colaboren con la idea de la moda como un campo de experimentación capaz de cautivar la atención estética de expertos y del más simple mortal. Ahí estará su trabajo, para sacudirnos con el verde arte y mostrarnos que las vanguardias históricas siguen pululando en la actualidad, en forma de moda y arte, de foto y de flor.

Todas las imágenes pertenecen al portfolio de Val- Musso
