Los singulares guantes de Luvaria Ulisses

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Un recorrido histórico y estético por una sublime guantería de Lisboa que, pronta a celebrar un siglo, desafía el paso del tiempo

La fachada de la guantería situada en Lisboa.

La guantería más bonita, más chiquita y la única que queda en Lisboa (y en Portugal), cumple cien años este 2025. Su pequeña vidriera roja que combina Modernismo y Art Nouveau, no ha cambiado nunca y ha visto la historia de la ciudad pasar. Se fundó en el período de entreguerras, quince años después de la caída de la monarquía portuguesa, en un local pequeñito pequeñito, en el entonces incipiente barrio comercial del Chiado. La iniciativa fue de Joaquim Rodrigues Simões, un exconcejal elegante y entusiasta de los negocios, que con el afán de no desaprovechar el lobby de 4 metros cuadrados que daba paso a su oficina, pensó que podía ser ocupado por un comercio.

Con un local tan mínimo a disposición, vender guantes era una excelente idea: pequeñas prendas coquetas, que en pleno apogeo de la sofisticación y estatus, resultaban muy lucrativas. Nació entonces la Luvaria Ulisses, bautizada con nombre de héroe mitológico y acogida por el diseño de interiores de Barbosa & Costa, una casa tradicional de tapicerías y muebles, fabricante, por ejemplo, del mobiliario del Palacio da Pena.
Las primeras tres décadas de la guantería fueron prósperas. Las señoras portuguesas usaban guantes para pasear de aquí para allá, nadie se dejaba ver en el Chadio sin ellos.

A partir de los sesenta el panorama fue distinto. Cuando a la moda le empezó a importar más la individualidad, la juventud y la liberación de los cuerpos, la elegancia y meticulosidad de los guantes quedó en desuso.

Las guanterías de Portugal y del mundo comenzaron a cerrar. Pero no la Luvaria Ulisses, que audaz en honor a su nombre, se ha mantenido en pie intacta por cien años (lo único que no es original es la computadora) a pesar de eventos canónicos de todo tipo. Hoy la casa está a cargo de uno de sus socios, Carlos Carvalho, un lisboeta amabilísimo y distinguido, que entró a trabajar en febrero de 1974 —justo tres meses antes de que se desatara, tres cuadras más arriba, la revolución de los Claveles- ver nota a pie-.

Hace unos meses visité la luvaria y tuve el placer de conversar con Carlos. En nuestra plática (que iba de mis preguntas en español a sus respuestas en portugués e interrupciones estrepitosas de las campanadas del Carmo), dom Carlos me contó que en ese período de revolución las cosas para la guantería se pusieron realmente complicadas. El golpe ahuyentó la actividad comercial y turística del barrio. Pero además, los guantes, que hasta ese momento se asociaban con estatus social, etiqueta y decoro, empezaron a vincularse con perfiles fascistas. Por si fuera poco resistir una revolución estética y un golpe de Estado, a finales de los ochenta la guantería también esquivó un incendio- ver nota a pie- que arrasó con buena parte del Chiado. Se salvó por tres locales. Carlos piensa que de haber sido afectados, probablemente la casa no habría logrado mantenerse en pie.

De todos los negocios antiguos que fueron arrasados, ninguno logró reabrir; esos locales hoy los ocupan tiendas de Apple, H&M y shoppings. Así que un nombre ilustre y buena fortuna… pero no solo eso: también fervor por la historia y una voluntad obstinada de aferrarse a ella. Igual que la decoración del local, el ritual de probarse los guantes conserva la gracia y los modos de antaño.

Escenas de los anaqueles y rincones de la pequeña guantería
Fotos por la autora-Andrea Bravo Etchenique-

Apenas te asomas al mini salón solemne, de estilo Imperio, y ya un vendedor o vendedora bien vestida te saluda: bom dia, boa tarde! Te examina la mano con cuidado y se asoma a los cajoncitos de madera donde se guardan las luvas, separadas por tamaños y colores. Trae el modelo elegido en la talla que te asigna a ojo y prepara la prenda, dedo por dedo, con un abridor y talco. La clientela apoya el codo en un cojincito aterciopelado y se calza el guante. Como la señora Dalloway comprando guantes en Bond Street.
Esa obstinación por mantener inalterables los modos de la historia es, probablemente, su activo más poderoso. El encanto histórico del local (rodeado de shoppings y tiendas de fast fashion) emana un aura que atrae a clientes locales y (sobre todo) a turistas. Eso ayuda a sostener la rentabilidad de un comercio que, literalmente, es de otro tiempo: funciona bajo una lógica de consumo lento, con productos de fabricación propia en su taller y materiales de primera categoría en cuanto a su manufactura y materiales, a un precio proporcional. Desde que Ulisses se fundó, se decidió que los productos serían de fabricación propia para diferenciarse de las otras guanterías. Eso, por supuesto, también se ha mantenido, igual que el proceso de fabricación en su taller en Baixa, que es prácticamente artesanal (algunos pares incluso están cosidos a mano porque no entran en la máquina).

También se han mantenido los diseños, que han visto algunas modificaciones en los detalles y colores, pero en la línea clásica, se sigue usando el mismo patrón que en 1925, con los mismos siete tamaños, sólo considerando las pequeñas diferencias de centímetros, que hacen que el guante se ajuste a la perfección. Las pieles que usan generalmente son de oveja y vienen de Francia, Italia, Inglaterra porque aunque Portugal también produce pieles, estas son más para calzado. La piel para fabricar guantes tiene que ser fina, suave y resistente al mismo tiempo.

Entonces: nombre legendario, buena fortuna, idilio histórico y productos de altísima calidad. Pero, además, para vivir cien años, la luvaria también ha contado con apoyos públicos que le han permitido sostenerse. Ulisses está reconocida como una Loja com história, un título que otorga el Ayuntamiento de Lisboa para distinguir y salvaguardar los comercios tradicionales. Esta categoría le ha valido apoyos especiales, por ejemplo, durante la pandemia. Pero además y sobre todo, el localcito pequeño que ocupa pertenece al Estado, lo cual le ofrece cierta protección frente a la especulación inmobiliaria, que es el reto más reciente, y cada vez más difícil de sortear. Quizás la clave para alcanzar el centenario esté en una mezcla improbable de oficio, carácter, encanto y un poco de suerte. Solo así una guantería podría resistir incendios, revoluciones y especulación, y seguir en pie: pequeña, digna y atenta.

https://www.luvariaulisses.com

El talco y el medidor dispuestos en un mostrador, para la prueba de guantes.

Notas a pie de página

uno: en 1910, tras años de crisis política, revueltas y desgaste del régimen, un levantamiento republicano derrocó a la monarquía de Manuel II. El 5 de octubre se proclamó la república y así terminaron más de ocho siglos de monarquía en Portugal.

dos: desde mi perspectiva, la Revolución de los Claveles es la más bonita y poética del siglo XX. Una revolución hecha con flores, música y negociaciones, concebida por un general que habría preferido ser artista antes que militar. Comenzó con un mensaje musical: a las 00:20 del 25 de abril de 1974 sonó en la radio Grândola, Vila Morena —una canción casi prohibida que habla de fraternidad y libertad—, señal para que las tropas salieran a ocupar puntos estratégicos en Lisboa. El símbolo de la revolución, el clavel, nació de un gesto espontáneo de Celeste Caeiro, una camarera/modista que volvía a casa cargada con las flores que no se usaron ese día, —el restaurante en el que trabajaba cerró por seguridad—. Al cruzarse con un soldado que le pidió un cigarro, Celeste le ofreció una flor. Él la colocó en el cañón de su fusil y le siguieron sus compañeros. A las 19:30 de ese día salió de su cuartel para irse al exilio en Brasil, Marcelo Caetano, el último jefe de gobierno de la dictadura más larga de Europa occidental.

tres: el incendio del Chiado del 25 de agosto de 1988 es uno de los eventos más traumáticos en la historia reciente de Lisboa. Se desató en la madrugada en los Almacenes Grandella y el fuego se propagó rápido por la antigüedad y materiales de las estructuras vecinas En total, murieron dos personas, más de 50 resultaron heridas, más de 200 quedaron sin hogar y cinco mil perdieron su lugar de trabajo. Ardieron 18 edificios, se dañaron más de 10.000 m².

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