La Artificación de la Moda en la Gala del Met

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El primer lunes de mayo de 2026, a setenta y ocho años de su primera edición, se celebró la última Gala del Met.   Además de recaudar fondos para mantener activa su ala de moda, se sumó algo fundamental para los estudios de moda pero que pasó inadvertido entre tanta exaltación de las vanidades. Porque más allá de los personajes que desfilaron por la alfombra roja, de los financistas que siempre dicen presente en el sistema de la moda y los diseños de alta costura realizados para la ocasión, el Met anunció la creación las Galerías Conde Nast, sus nuevos y necesarios espacios para exhibir moda.   

En ese gesto, se concentran muchas aristas que de a poco van cimentando una narrativa que tiene el reflector encima hace un par de décadas: me refiero al binomio arte y moda. La legitimación se da en esos movimientos, en esas decisiones donde la posibilidad de abordar el fenómeno se expande y favorece nuevos espacios de contemplación, estudio, experimentación y difusión en relación con las prácticas vestimentarias y las poéticas del vestir, siempre con el arte como condición de producción.

Bajo la curaduría de Andrew Bolton se estableció un relato que puso el foco en el cuerpo vestido para dar cuenta de la conexión indivisible entre los cuerpos y la vestimenta que ellos portan. Apoyándose en las obras de la colección del Museo de Arte Metropolitano de Arte de Nueva York, la búsqueda del antropólogo experto en moda se basó en ofrecer algunos puntos de contacto entre los cuerpos y la vestimenta a partir de cuatro líneas principales de estudio. El cuerpo clásico, el cuerpo desnudo, el cuerpo envejecido y el cuerpo de la mujer durante el embarazo.

Bolton viene trabajando la temática hace mucho tiempo, de hecho, en cada entrevista que le realizan no vacila en enfatizar el carácter artístico de la moda. Sin embargo, todavía hay voces que expresan lo contrario. Al respecto, teóricos que se especializan en los estudios de moda insisten en desviar la respuesta a la pregunta acerca de si ¿la moda es arte?  Su artilugio vira hacia el análisis de casos concretos que aborden el fenómeno desde lo particular como forma de aportar líneas de pensamiento que enriquezcan el campo.  

Sin duda, la proliferación de papers, de capítulos, de libros y de cursos que refieran a la moda y el arte son fundamentales para legitimar el binomio arte y moda. Pero no es ese el único modo de hacerlo y, ahí, la Gala del Met cumplió un rol descollante.  

La celebración del binomio entre arte y moda comenzó con la temática anual, Arte del Vestuario, y con el dress- code / leitmotiv “Moda es Arte”. A eso se sumó la incorporación de mil cien metros destinados para nuevas salas de exposición dedicadas a la moda. Las Salas Conde Nast, llamadas así en tributo al grupo editorial al que pertenece Vogue, inauguran así un nuevo período: el de la artificación de la moda, impulsado por la decisión de un museo de arte de darle un lugar permanente.

Vista de una de las salas Conde Nast. Fuente: AD

Porque a los espacios que conservan objetos de arte de todos los tiempos y lenguajes como pinturas, ilustraciones, esculturas, instrumentos musicales y textiles ahora se le suman los indumentos y  los vestibles, considerados por el historiador de arte austríaco Max Hollein- su flamante director- como los objetos artísticos de la moda.  Las salas Conde Nast se suman a las de arte europeo, arte greco-romano, arte estadounidense, arte africano, y arte moderno y contemporáneo. Y es allí donde irrumpe otro guiño al sistema de la moda. Porque esa característica bipolar también se ve en la ampliación de las salas que permitirán estudiar, teorizar, profesionalizar y disfrutar del vínculo entre arte y moda. Al mismo tiempo que la escala simbólica de la moda crece, quienes lo hacen económicamente posible son los exponentes del capitalismo actual.

Infinitos temas se desprenden de todo esto. Mientras tanto, “La Moda” sigue ahí. Provocando emoción, aspiración y necesidad de pertenencia, ¿será ese otro punto más de contacto entre ambos universos?

Sabemos que el sistema de la moda es un complejo entramado bipolar que va desde lo más aurático, cuidado, específico de la alta costura, con un trabajo a mano, delicado y muy costoso, hasta la proliferación en serie de indumentos listos para usar, que abarrotan locales a la calle, depósitos y hasta desiertos. Esa configuración se ve en los extremos de las marcas de lujo que desfilan dos veces al año en París y también en cada copia que pulula por locales de cualquier tienda o locación de Occidente.

Dentro de ese rico entramado, se vuelve menester alumbrar los gestos que hace décadas o quizás hasta un siglo vienen ocupando espacios, acciones y temáticas, siempre con el arte como condición de producción. La atención puede estar en la transposición de la Victoria de Samotracia, la estatua griega patrimonio del Louvre, un diseño de Zac Posen para Gap Studio que fue vestido por la modelo Kendall Jenner. O en la performance de la diva pop Madonna y la cruza de instalación vestible de La Tentación de San Antonio de Leonora Carrington, realizada por Anthony Vaccarello para Saint Laurent.

Enfatizo la creación de Matières Fécales, la firma parisina de Hannah Rose Dalton y Steven Raj Bhaskaran, titulada “El uno por ciento”. Además de su nombre y del volumen que aportaban los metros de tul, el rasgo más llamativo del look que llevó Sarah Paulson fue el antifaz con forma de billete de dólar, que le impedía ver con claridad. Allí también aparece el arte: en su capacidad de sacudir al espectador, desplazarlo de sus lugares habituales y proponerle otro mundo posible; uno distinto, surrealista y político, desde una moda que avanza hacia nuevas formas de vincularse con su entorno.

El Museo Metropolitano de Arte le abrió las puertas a la moda porque convoca público y le garantiza un flujo colosal de visitantes en cada muestra. También responde, desde luego, a los grandes capitales que la financian. Pero, además, como agente legitimador por excelencia, el museo impulsa la “artificación de la moda”. Crea espacios de investigación, desarrollo y proyección para diseñadores que buscan contar otras historias y así dejar en claro que la moda no es solo frivolidad y banalidad, sino también una herramienta de cambio, de disfrute y un indicador de la cultura.

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