La resistencia de las Artesanías según Roxana Amarilla

por

En esta entrevista- realizada a fines de noviembre y antes de que el Ministerio de Cultura fuera transformado en una Secretaría por el actual gobierno– Roxana  Amarilla, comunicadora social de profesión, con formación en gestión cultural y patrimonio cultural inmaterial, nos introduce al mundo de las artesanías, nos habla del ejercicio de lucha y resistencia detrás de ellas, de su belleza, de su fuerza y nos comparte herramientas para aprender a interpretarlas, consumirlas de manera responsable y disfrutarlas. 

Roxana Amarilla con un poncho riojano de lana hilada en huso, tejido en telar criollo y tinte de ancohe y algarrobo de la artesana Audelina Zarate. Foto: Gisela Filc, 2019.

Si bien su primer acercamiento teórico a las artes populares fue a partir de un curso de  antropología que tomó en Paraguay (mediante el cual entró en contacto con la obra de Ticio Escobar, Branislava Susnik y otros antropólogos), su relación con las artesanías empezó desde la infancia, en la casa de Corrientes en donde se crió, llena de artesanías de la región y de los países a los que sus padres viajaban. En lugar de tener una carterita como todas sus amigas, Roxana iba con una canastita de rafia traída de Costa Rica. 

Después de trabajar con comunidades y grupos en territorio en Corrientes, fue asesora en la Comisión de Cultura del Congreso de la Nación en Capital.  Transcurría el año 2005 y en el  Congreso de la Nación se debatía un proyecto de ley de artesanía. A Roxana le tocó investigar, analizar y trabajar con los artesanos. Finalmente el proyecto de ley no salió, pero ella encontró su vocación. Actualmente cursa una maestría en Historia del Arte Argentino y Latinoamericano y se desempeña como directora del Mercado Nacional de Artesanías Tradicionales e Innovadoras Argentinas MATRIA.

-El concepto de artesanías es complejo y tiene varias acepciones, ¿podés referirte a  esta complejidad y desentrañar sus múltiples significados? 

-Hay una historia de estos conceptos en la Argentina, que es donde se desarrolló el folklore como campo de investigación. Surgieron categorías como artesanías tradicionales folklóricas, artesanía etnográfica o neoartesanía, que no me parecen para nada adecuadas, pero que quedaron plasmadas en el lenguaje institucional de muchos espacios hasta el día de hoy.   Según la definición de Augusto Raúl Cortázar, las artesanías tradicionales folklóricas eran las producidas por las comunidades consideradas folk, que se diferencian de las artesanías etnográficas, las producidas por comunidades indígenas. En esa época, entre las décadas del cincuenta y setenta, el estudio del folklore (el saber del pueblo) se utilizó para dotar de bases e identidad al pensamiento nacional. 

Y después estaba la neoartesanía; aquella que se produce en contextos urbanos. 

Si bien MATRIA se creó bajo esta concepción folklórica, desde 2011 el programa trabaja fuera de estas clasificaciones, para toda la producción artesanal. Lo que sí distinguimos es entre aquellas producciones que son transmitidas de generación en generación y guardan una memoria comunitaria, cuyas técnicas y procedimientos son tradicionales. Diferente de otro tipo de producción, que tiene que ver con una artesana o artesano que se forma, investiga, se va a un instituto y hace todo un recorrido personal. 

Tomando en cuenta estas dos grandes circunstancias de producción, el programa tiene que ser un programa abarcativo para todos. 

-¿Qué hay de la relación con el arte y el diseño y de los “proyectos colaborativos” con artesanos? 

Existen tensiones con las escenas del diseño y del arte y cómo trabajan con respecto a lo artesanal. En la escena del arte se está dando un debate ético con respecto a la introducción no sólo del objeto artesanal, si no también del sujeto artesano, que es un artista fuera del canon, y que por esa situación a menudo integra anónimamente un extractivismo en el sistema del arte, por ejemplo. Luego está la escena del diseño, que en gran medida no acusa de recibo de estos debates. 

Para hablar del tema hay que considerar las implicaciones éticas, políticas y económicas en aspectos como el de  las autorías. Éstas implican un juego complejo porque están las autorías individuales y colectivas. Nosotros como programa tratamos de resolver esa tensión con la incorporación de todas las autorías, pero por mucho tiempo en el mismo Ministerio de Cultura había grandes impedimentos para que se aplicara la lista completa de artesanos en un folleto porque era “muy larga”.

Para alguien que compra artesanía es importante que investigue y sepa quién es el creador del objeto porque hay muchas barbaridades. Hay marcas que mandan a hacer motivos de una comunidad a tejedoras de otra región y tradición textil porque sale más barato. No les importa caer en estas deslocalizaciones porque lo que estas marcas monetizan es la idea de lo lejano, lo pre-moderno, la pura forma, escindida de las creadoras.  

Con tallas de la comunidad mbyá guaraní Leoni Poty, en Puerto Leoni, Misiones. Foto: Mónica Giménez, 2018-

-¿Qué serie de elementos simbólicos y materiales conforman a una artesanía?  

-Hay que tener cuidado de no caer en esencialismos y respuestas atractivas, pero es verdad que los objetos artesanales tienen una mística especial. En mi caso, asocio cada pieza a la historia de la persona que lo hizo, del artista. Es como si viviera con muchas personas en casa; tengo muchos objetos artesanales y me remiten todo el tiempo a la persona que los hizo, al momento en que recibí el objeto, las conversaciones, al territorio, incluso el clima. 

Otra de las cosas que me parece muy potente de la artesanía es su materialidad. La cerámica, por ejemplo, es la mayor enemiga de la cultura del plástico. Entonces el valor no sólo está en la belleza de las formas, también en los materiales de los que está hecho el objeto.  La artesanía trae la madre tierra a tu casa, a tu cueva. Traes un objeto al que le pusieron toda la energía para hacerlo. Me parece que en esas intenciones hay una magia basada en los deseos de quien lo compra y de quien lo hizo.

Segundo taller de mujeres artesanas del Chaguar con participantes de Salta, Formosa y Chaco en Tartagal. Foto: Gisela Filc, 2014

En tu artículo “Botones pastelito” compartiste una cita de Marshall McLuhan:  “[…] en el futuro, el papel del artesano será más importante que nunca […]”. ¿Te parece que ese futuro ya está aquí tomando en cuenta la conciencia ecológica y valores que permean el consumo contemporáneo como la sustentabilidad, el minimalismo y el movimiento Slow

-Por una cuestión de logística y de agotamiento de la capacidad de consumo del capitalismo intensivo que ya se agotó hace rato, el futuro es artesanal. Las millennials compran a emprendedoras, artesanas, colectivos y comunidades. Quieren saber quién produjo; no les importa esperar, pagar más. Entienden.   Mientras que por  otro lado, el agotamiento de las materias primas sólo puede ser sostenido en determinadas producciones con el tipo de proceso de trabajo de los artesanos. En este sentido ellos van a tener una gran importancia en la transformación y reutilización de otras materias primas. La mayoría de artesanos de la madera que conozco, sobre todo los urbanos, utilizan la madera de descarte; no compran la madera de árboles talados, recuperan de construcciones y otros sobrantes de la ciudad y con eso trabajan. 

¿Cómo funciona la puesta en marcha de la comercialización desde la experiencia de los artesanos? 

-Uno de los puntos débiles es el de la narrativa en manos de los artesanos. En un mundo saturado de relatos, los mediadores de lo artesanal —intermediarios, revendedores, curadores— tienen el monopolio de esa narrativa.  Otra debilidad es el conocimiento del valor final de la producción en manos de los artesanos. Durante la pandemia aumentó exponencialmente la compra de artesanías, justamente por esta idea de introducir a la madre tierra a la casa, para que te proteja como talismán. Sin embargo, este incremento del consumo no mejoró la situación económica de los artesanos.

Lo que pasó es que aparecieron un montón de marcas intermediarias que son bastante opacas en  términos de enunciar cómo se proveen de los objetos que venden. Tendrían que identificar las piezas con el nombre de la artesana, la comunidad a la que pertenece y cómo es la asignación de valor de ese objeto. Y eso no sucede. Tampoco las comunidades conocen el destino y los precios finales a los que llegan los objetos que producen.

¿Cuál es la historia de MATRIA y cómo funciona? 

-El programa fue abierto como un mercado de artesanías; hoy es una herramienta  que expresa la diversidad cultural del territorio , la  vigencia de técnicas y procedimientos patrimoniales de grupos y comunidades. Trabajamos por el acceso a las políticas públicas de artesanas y artesanos, de las historias reales de quienes hacen las obras; de los artistas en el territorio. Y trabajamos también para construir la centralidad de la artesanía, que haya políticas públicas específicas para los artesanos.

Nosotros como programa no podemos comprar ni vender artesanía dado que no está habilitado el dispositivo administrativo que le permite al Estado comprar y vender bienes, pero por medio de nuestra plataforma facilitamos el trato directo con artesanas y artesanos. Cuando asumió Tristán Bauer, interesado en la producción artesanal, como Ministro de Cultura, pensó en una esquina del Centro Cultural Borges (un espacio inserto en un shopping) para la Tienda MATRIA. Es muy gracioso porque yo vivo cerca y cada vez que iba al lugar veía ese espacio desde el otro lado y pensaba «qué lindo para llenarlo de cestería». ¡El mismo lugar! 

En 2021 empezamos el armado de la tienda y debido a esa restricción administrativa para la comercialización, programamos cuatro exhibiciones anuales, una por cada temporada,  con una curaduría y el catálogo asociado donde están todos los productos y los perfiles de los artesanos y artesanas; la historia, la autoría y los productos con el contacto para facilitar el vínculo directo con los artesanos.

Otro mecanismo de comercialización directa que tenemos son las ferias, entre ellas “Creadoras del Tiempo”, una  feria de mujeres artesanas, ya que el 60 por ciento de nuestro universo de trabajo son mujeres con grandes dificultades en la visibilidad de sus autorías y en el contacto directo con algunos nichos de compradores y coleccionistas.

Inauguración de la muestra “Manos Plateras” en la Tienda Matria, Centro Cultural Borges. Foto: Jésica Echarri, diciembre de 2022.

¿Podés hablarnos un poco más de las experiencias de las mujeres artesanas? 

Conozco una familia de mujeres alfareras del sur de Chaco, que están totalmente dedicadas a su práctica. Se reúnen en el patio para conversar, tomar mate y trabajar con la arcilla. Esa es una decisión de no someterse a la cotidianeidad de la idea tradicional de mujer sino ser la mujer en el arte. Al mismo tiempo hay que reconocer que existen muchas mujeres artesanas de comunidades que ordenan el trabajo doméstico y el de la labor artesanal. Hay muchas experiencias de resistencia en las historias del artesanado. 

¿Cómo consumir artesanías de una manera responsable y consciente? 

-Lo primero y más importante: no hay que regatear bajo ningún punto de vista. Sobre todo porque la artesanía se vende mucho más barata de lo que en realidad vale. Hay una frase hermosa que tienen los artesanos que dice “nadie paga lo que vale una artesanía”. Es una frase hermosa porque es verdad. Hay que imaginar cuántas generaciones de experiencia puede llevar un tejido, cuántas maestras, maestros, cuánta información. Cuánta resistencia en el territorio: sortear al capitalismo, el made in China, la pandemia, la soja… ¿Quién puede pagar eso? Nadie se puede aproximar a ese valor. 

Hay otra actitud que es muy desacertada: la presión por la innovación que se le aplica a las comunidades. El Estado fue responsable de muchas de estas prácticas y esto provocó que en algunas áreas se redujera al extremo la prácticas de algunas técnicas y procedimientos artesanales que hoy merecen salvaguarda urgente. Por eso es muy importante dar aire para ver lo que el artesano o artesana ha querido producir. Cuánto más presión, es más empobrecida la pieza del artesano. Hay que trabajar la oportunidad de apreciar lo otro. 

Además de MATRIA, ¿en qué otros espacios se puede consumir artesanía y qué recomiendas tomar en cuenta a la hora de comprar una artesanía? 

-La producción artesanal en Argentina es muy amplia: cerámica, madera, cestería, textiles y metales, entre muchas otras ramas productivas. Esta producción diversa se puede encontrar en los mercados provinciales o aprovechar la gran oportunidad de comprar de venta directa en las ferias de artesanos que están de manera permanente o eventual en todo el país

Recomiendo caminar las ferias, recorrerlas con tiempo, mirar y conversar con el artesano. Preguntar por la técnica y el procedimiento artesanal para profundizar sobre lo que estás viendo. Lo mejor, siempre, es hablar con los artesanos. 

La gente también se puede guiar por las redes de nuestro programa. Si van a viajar a alguna provincia, por ejemplo, nos pueden escribir y pedir recomendaciones de rutas artesanales. La información tiene que fluir. 

María Julia Charole, cestera Qom de la Asociación Qomlashepi Onataxanaipi, de Fortín Lavalle- Chaco- en una acción de venta en Tienda Matria en septiembre de 2023. Foto: Romina Santarelli

Instagram @matria.cultura

Facebook https://www.facebook.com/MATRIACulturaNacion?mibextid=ZbWKwL 

MATERIALES DE CONSULTA 

– Documental de Tristán Bauer y Silvia Chanvillard, Martín Choque, un telar de San Isidro (1982). Argentina: Cine Testimonio. 

– Artículo de Roxana Amarilla, “Botones Pastelito” (2019) en la Revista Chilena de Diseño,

creación y pensamiento Universidad de Chile. http://rchd.uchile.cl 

0