PEINETONES

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Derivado de la peineta española y tallado en carey o en asta, entre 1832 y 1837, el uso del peinetón representó el último grito de la moda entre las porteñas. No solo marcó una provocación con los modos de uso de la península ibérica, sino que también adoptó rasgos localistas. El litógrafo César Hipólito Bacle los documentó y parodió en su “Extravagancias del Peinetón,” las célebres postales que retrataron a mujeres provistas de tocados colosales casi tan extravagantes como las fragatas capilares de la reina María Antonieta . Las postales costumbristas de Bacle plasmaron modismos y algunas situaciones desopilantes alrededor de su uso . (De escenas de baile en las cuales los peinetones capturaban peluquines masculinos, el instante en que el frente de ladrillos de alguna casa debió ser derribado para hacer paso a quien portaba una flamante peineta xxl, y también un desfile espontáneo de las usuarias de tales accesorios en los alrededores de la Plaza de la Victoria).
Otras singularidades del peinetón fueron investigadas por la académica Regina Root en el libro “Couture and Consensus: Fashion and Politics in Postcolonial Argentina” editado en 2010 por la Universidad de Minnesota (en 2014 fue traducido al castellano por la editorial Edhasa argentina con el título “Vestir la nación”, en el contexto de la “Colección Historias de arte”, dirigida por Marcela Gené y Laura Malosetti Costa).l

Ambas ediciones refieren al gesto político implícito en el uso del peinetón en la Argentina postcolonial y enfatizan que la moda de los peinetones surgió en Buenos Aires para diferenciarse del estilo español y emparentada con las extravagancias parisinas. Según Root: “El peinetón fue un gesto de independencia femenina y un modo de marcar diferenciaciones del estilo español. Este accesorio exuberante, cuya popularidad duró casi dos décadas, se convirtió en un emblema. No hay duda de que las mujeres con peinetón se veían como partícipes de la política pública y que su presencia inquietó a varios sectores de la población. Como se suponía que las mujeres iban a asumir un rol participativo en la construcción de una nación independiente, el peinetón visualizó tal meta y aportó el reconocimiento público”. En 1830, el régimen rosista trató de asociarlo con la ‘buena mujer federal’ y varios artículos comenzaron a mencionar la inundación de peinetones en las calles de Buenos Aires. Sin embargo, los periódicos de la época lo criticaron, aludiendo a que su altura se yuxtaponía con los delicados atributos femeninos. Es evidente que el peinetón amenazaba porque cambiaba el rumbo (la autora alude a lo visual y al espacio físico) reservado a los hombres que circulaban por la ciudad. Para varios, los peinetones representaron un tipo de poder explosivo e invasor que desafió los papeles domésticos tradicionales de las mujeres. Finalmente fue el mismo régimen rosista el que hizo a circular las imágenes y la poesía popular que terminaron con el peinetón”.


En Buenos Aires hubo estilistas y diseñadores del extravagante peinetón. El primordial fue Manuel Mateo Masculino, un comerciante español que había aprendido a tallar valiéndose del fuego. Tuvo un taller con 120 operarios dispuesto en la manzana de Venezuela entre Chacabuco y Perú y desde el cual abastecía también a las fashionistas de Montevideo y de Asunción del Paraguay. Pero además de su faceta de empresario sagaz, Masculino fue un fabuloso dibujante y creador de extravagancias e inéditas estrategias de ventas. En su “Historia de la moda en la Argentina” la socióloga Susana Saulquin“, señala acerca de los ardides del creador de peinetones para generar deseo entre sus consumidoras: “La primera en modelar cada nuevo diseño del taller era su esposa, quien lo usaba para ir a misa. Además él acostumbraba guardar los nuevos modelos en cajas de latón casi selladas, de modo tal que las usuarias del peinetón debían rogarles que se los mostrara”.


Por otro lado el historiador Patricio López Méndez ( quien antes de erigir una fabulosa exhibición permanente denominada “La ciudad a la moda”, en la Casa Fernández Blanco de Balvanera, se desempeñó en el Museo Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, señaló sobre la compulsión por los peinetones: “ La moda comenzó luego de la importación europea como simples peinetas para recoger el pelo pero hacia 1830, y sólo en el Río de la Plata-Buenos Aires y Montevideo- el objeto peineta cobró dimensiones cada vez más exageradas, llegando al metro o metro veinte de arboladura. Su tamaño tan grande equivalía al ancho y al abullonamiento de las mangas, llamadas jamón y en proporción con la campana que formaba el miriñaque. La moda no duró demasiado ya que hacia la década siguiente comienza a decaer y en 1850 ya nadie los usaba. Fue una moda local y pasajera, propia de la ostentación de nuevos ricos que pasaron de tenderos a hacendados y casi comparable a lo que en 1990 representó Versace para la cultura menemista”.

.1cerca del protagonismo del estilista del peinetón en la sociedad porteña, concluyó el actual curador de la “Casa Fernández Blanco”: “A Mateo Masculino se le adjudica la idea de agrandarlos, y para entender la importancia y el ascenso social que obtuvo en la época basta con remitirse al retrato que el pintor Carlos Enrique Pellegrini trazó de su grupo familiar. Allí él sostiene un plano o boceto de su peinetón, la mujer luce uno de los peinetones más grandes salidos del taller y el hijo ostentó todos los atributos de un joven rico: está sentado en una silla policromada de las que se importaban de New Orleans . ataviado con buena ropa sobre una pared de fondo decorada”.
También Domingo F. Sarmiento se refirió al artilugio: “Aquellas fragatas de alto bordo se avistaban viniendo de dirección opuesta y, no siendo de buen tono hacer concesiones, se apercibìan para sostener dignamente el choque posible del velamen. Llegados a distancia de abordaje, viraba a babor lentamente, a estribor la otra nave y, gracias a la perfección y compostura de la maniobra, ambos peinetones giraban como las estrellas dobles en torno de un centro imaginario” Así se pronunció en una columna en “La gaceta mercantil”.

Portada del libro de Regina Root editado en la Argentina.

1- Regina Root, profesora de letras en el College of William and Mary en Estados Unidos y editora de “The Latin American Fashion Reader”-


  1. Fragmento de una entrevista a Patricio López Méndez publicada en el diario Página 12 ↩︎
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