“Romero, el modisto insurgente”

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Un perfil del diseñador, poeta, y pintor argentino Kelo Romero cuyo mantra de diseño señaló: “reciclo prendas de un modo absolutamente salvaje, tomo algunas perlas de la tradición y las combino con lo urbano”. 

Retrato de Kelo Romero. Gentileza de Simona Martínez Rivero

“Mis realizaciones exceden el mensaje de la tela, hago una crítica de esa tiranía que obliga a que la ropa tome una determinada forma y que todos hagan lo mismo en una determinada gama de colores. La gente la usa para protegerse, armar la máscara de la personalidad e ingresar a grupos de pertenencia”, supo enunciar  el diseñador Kelo Romero, autoproclamado “modisto insurgente” y en ocasiones “Romerito, el exquisito”.

Dandy de la austeridad, coleccionista de sombreros, músico y poeta (nació en Villa Ballester, en 1962  y murió en Almagro en 2006)  Kelo fue una figura icónica del movimiento de moda y música surgido  en el contexto de la Primera Bienal de Arte Joven, tras el regreso de la Democracia,

Mi primera aproximación a los looks rara avis de Romero fueron los atuendos que él mismo sacó a relucir mientras lideraba una banda llamada “El corazón de Tito”, desde la cual  remixó cumbias y poesía con bases electrónicas . Eso fue apenas antes de sumarse al movimiento de moda que organizó happenings en el Museo de Arte Moderno bajo el nombre de “Genios Pobres”, improvisó parodias de Casa Foa ( es ineludible  mencionar a la muestra “Casa F.EA”, que lo tuvo como participante en el Centro Cultural Recoleta y donde muchas de las prendas, frazadas y tricots raídos, junto a muebles de cartón, se prendieron fuego accidentalmente).  Además Kelo trabajó en  desarrollo de producto para las firmas Alpargatas – cuando allí Alicia Lenta oficiaba de directora creativa – y en Levi ‘s . Entre 1993 y 2003 vivió en Nueva York, la ciudad en que se exilió por causas estéticas junto a su pareja.

El exilio coincidió con el de  los diseñadores Gabriel Grippo y Gaby Bunader ,quienes emergieron de la Primera Bienal: si bien inicialmente consideraron cimentar una firma de  moda antropológica ideada en Buenas con la etiqueta I Think South, una vez en Nueva York, cada uno ahondó en su propia estética,

La estilista Simona Martínez, una de sus amigas más cercanas, cuenta que cuando visitaba a Romero en su casa de Brooklyn, iban juntos a los  flea markets en busca de prendas por kilos que tendrían usos incierto . En otras ocasiones ella le llevaba prendas básicas producidos en Argentina por marcas del establishment y le encargaba transformarlos para algún editorial de la revista Elle. En uno de los viajes, Simona adquirió su primera cámara digital y ofició de modelo de los vestidos de una trilogía que se hizo eco de la crisis política en la Argentina de 2001. Uno de ellos, llamado  “Cacerolazo” participó de una muestra en Fundación Proa,,

Cuando en 2003 el diseñador volvió a Buenos Aires participó de un Festival de verano en la Ciudad Konex y presentó la performance”Agujas quebradas, miedo a la libertad” , en la cual vistió una de sus largas faldas con el torso desnudo, Unos días antes habían desfilado en el mismo ciclo del del Konex , los diseñadores de ” Hermanos Estebecorena”, “Vicki Otero” y “Cecilia Gadea”, por entonces alineados en el apogeo de la “moda de autor”.

Cuando en 2004, el  “Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires”-, Malba  me convocó para idear una muestra que celebrase los  cruces de moda y arte, concurso mediante, surgió   el proyecto curatorial“Estilos latinoamericanos, las lecturas arbitrarias  de Hollywood “. “Las miradas equívocas sobre lo latinoamericano fueron una constante en las tramas de Hollywood que remixaban atavíos de tangueros y de gauchos- de las bombachas batarazas a las faldas de paisana en percal. con divas a lo Carmen Miranda, y que por regla general omitían precisar las coordenadas de los inciertos escenarios de Sudamérica donde transcurrían. Los diálogos en pasarela de los tres diseñadores seleccionados para Malba Moda 2004 trasladan esas arbitrariedades a siluetas contemporáneas”.

Tales participantes fueron la experta en estética folk , Araceli Pourcel,  el diseñor paulistano Alexandre Herchcovitch- quien participó con una retrospectiva de sus colecciones junto a una troupe de directores de arte, el maquillador Celso Kamura y su modelo fetiche y Kelo Romero,- quien cautivó  con la colección “Marea de actitudes, una revolución psicológica”.   Las labores de los estilistas Simona Martínez y el fotógrafo Gustavo Di Mario fueron esenciales para la edición de las colecciones y la realización del ciclo coordinado en el contexto de Malba moda , un apartado para el diseño de moda dirigido por el arquitecto Arturo Grimaldi que tuvo varias ediciones y temáticas.

En la primera semana de diciembre  de 2004 , vestido con un caftán rojo y un turbante que le conferían-un aire tan principesco como espectral (por entonces su salud estaba muy frágil) , después de derramar  lentejuelas rojas,  a tono con la puesta de luces del experto Sergio Lacroix ,Romero recitó sus versos en prosa gauchesca acompañado de percusionistas. En conjunto el ensayo sobre la vestimenta de Kelo Romero recordó los “Diálogos de la Moda y de la Muerte” de Giacomo Leopardi, los textos más agudos sobre la caducidad. Acto seguido y desde el backstage dispuesto en el auditorio de Malba, Romerito ¡proclamó el fin de las tendencias ante las cámaras del Ftv latino!- Aún recuerdo la mirada estupefacta de la cronista y nunca supe si esa señal emitió la entrevista-.

  El argot de diseño de Romero se centró en investigaciones sobre morfologías de denim y de tricots, honró la crudeza de las hilachas y de los remiendos, técnicas que él enalteció tanto como Vionnet y Grés lo hicieran con el recurso del corte al bies. Por todo ello en el vestíbulo de las salas de arte contemporáneo devenidas en pasarela emergieron los vestidos para hombre con variaciones de amarillos y verdes –confeccionados en telas de mantel–, y también democráticos paños blancos convertidos en galas de alta costura femenina.

Asomaron además las túnicas de jean con cinturones de gaucho y otras con puños y cuellos de morley, recursos de la sastrería deportiva, recreaciones de los atuendos para divinidades afrocubanas los, trajes de campesinos centroamericanos (que establecían competencias de elegancia en el uso de sombreros de paja), y en la pasarela del Museo fueron modelados sin maquillaje ni peinados ostentosos , marcando así un quiebre con los cánones del casting y el estilismo. Mientras que para los conocedores de los estilos surgidos en pasarelas locales de comienzos de 2000 , significó la sublimación de una estética y la recuperación de los preceptos de moda surgidos de la Primera Bienal de Arte Joven –cuando un grupo de diseñadores celebraron la democracia con estéticas alejadas de los clichés de producto y los imperativos comerciales–, los principiantes –muchos consagrados diseñadores del movimiento de autor– manifestaron su asombro ante la elegancia y excelsa realización implícita en esa aparente crudeza. 

La DJ Carla Tintoré vestida con un atuendo de denim diseñado por Romero para Malba moda, fotografiada por Gustavo Di Mario y con estilismo de Simona Martínez Rivero.Imagen- gentileza del archivo Simona Martínez R.

Transcribo un fragmento en la  la conversación posterior al desfile y en su hogar de Almagro, Romero sacó a relucir sus dones de sibarita, exhibió decenas de canvas, desde sus primeros homenajes a Andy Warhol hasta  las pinturas más recientes que había traído de  su atelier en el Bronx:  me recitó fragmentos de sus poemas, los versos en lunfardo o slang latino con los que desde su agrupación Kabildo del Arte, fue invitado a participar de shows multidisciplinarios en el Newyorican’s Poet’s café y  en el auditorio de la Universidad de Nueva York . 

¿Cómo se modificó  tu mirada sobre la moda durante los años que viviste en Nueva York?

–Siempre me acerqué a la moda como una lucha por el amor, la libertad y la poesía, ese mensaje continúa pero la vida me llevó a entender la moda de manera más profunda. En Nueva York,  iba con frecuencia a contemplar la colección de trajes del Museo de Ciencias Naturales, que reúne todas las razas, con sus vestidos. Ahí empecé a comprender las asociaciones entre las guardas, los tejidos, las estructuras arquitectónicas y las ropas, vi que las túnicas tejidas de los sacerdotes de Tiahuanaco son iguales a los tibetanos, por ejemplo. Mis ojos se disparaban hacia las bijouteries, los tejidos, los colores, la vivacidad de la puesta en escena de esos grandes vestidos y empecé a hacer mezclas con toda esa información. Llevo a mis diseños las mezclas que vi en ese lapso: cuando llegué al Bronx había africanos, dominicanos, puertorriqueños, y en el último tiempo habían llegado muchas mujeres del Altiplano, porque, en realidad, son las migraciones que provoca el poder económico.

–¿Cuáles fueron los  ardides para  simular una  revolución desde la moda?

–Decidí no usar iconos específicos (como el Che, que  ya había usado en vestidos anteriores) porque abordé esta colección como una revolución psicológica donde  quise que desaparecieran los prejuicios estéticos. En conceptos de ropas, están las fajas de gaucho con los coats urbano en denim, lo afrocaribeño o lo cubano y una revalorización del look de campesino, la camisa blanca amplia, el suéter escote en v, los sacos antiguos y los sombreros de paja. Porque aunque i los sombreros me apasionan desde niño, recién en Nueva York me di el gusto de ponerme los sombreros más grandes pese a que en el subte me miraran raro.Me inspiré ucho para su incorporación en un libro de fotografías sobre revolucionarios centroamericanos, y principalmente una foto que muestra una reunión dominical de hombres y en la que sólo se ve una masa de sombreros de paja.  Otra de mis señas es la incorporación  de lo deportivo, la mezcla la iconografía de Adidas con la sastrería, dos mundos que  considero muy presentes en la vida cotidiana de los países de Medio Oriente y también de América Latina. Pero, por otro lado, como estaba la consigna de citar la mirada hollywoodense, no pude evitar pensar en esa actitud hacia el freak latinoamericano . De haberse proyectado películas en mi desfile imagino que hubiera sido “Viva Zapata”.

–¿Y los cruces entre  tus pinturas y los diseños ? 

–Considero que mi moda y mis cuadros están muy conectados. Si bien lo primero que pinté fue un parodia de la sopa Campbell llamada “Latin Flavor”, en los siguientes apareció la bandera argentina con el smile a modo de sol,í como en un cuadro reproduje  la  escena  del crimen de un joven africano al que por error mataron a cuatro cuadras de mi casa y que divulgó el New York Times,plasmé al  alcalde Rudolph Giuliani prendiéndose fuego y a Frida  Kahlo como la balanza de la justicia,  Para un desfile reciente e tomé una imagen de piquetero con un remera Adidas que vi en un noticiero  de Buenos Aires .  Porque como mis cuadros, mis diseños también hacen denuncias. Mi estilo consiste en reciclar prendas de modo absolutamente salvaje, luego tomo las perlas de la tradición y lo combino con lo urbano. 

Una de las pinturas de Kelo Romero. Colección Simona Martínez Rivero.

Fragmento del catálogo- desplegable sobre Malba moda estilos latinoamericanos diseñado por Fabián Muggeri en 2004 – detalle de una t shirt del Che Guevara ideada por Romero.

Creadores de moda argentina


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