Trece vestidos imposibles

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Una crítica de la porteña arty haute Couture de Vanesa Krongold, presentada en una tienda del barrio de Once y en el contexto de BAFWEEK

Foto: @catalinaalmada

 El número trece connota diferentes conceptos. De los más auspiciosos, hasta los más fatalistas. En la cultura Maya, el 13 hace alusión a las fases lunares de su calendario, al cambio, la transformación, la evolución, los viajes espirituales y los mensajes de otros planos. En contraposición, la cultura occidental marcará al 13 como un día para no casarse ni embarcarse. Evitará nombrarlo en aviones y creará películas de terror para no dejar dudas de sus aparentes infortunios. En la adolescencia el 13 significa los cambios físicos y emocionales a la vez que comienza la primera emancipación, el saboreo de la libertad y las elecciones culturales que acompañan cada nuevo amanecer.

Para Vanesa Krongold, 13 implica frenar, pensar, organizar. Revisar lo hecho, celebrar lo alcanzado y proyectar a corto plazo cómo seguir. Continuar creando su diseño glitter fantasy en un momento de crisis. Porque la contradicción de la industria nacional no es una novedad. El desborde de talento es concreto, sin embargo, el apoyo gubernamental y un proyecto de nación que acompañe y fomente el despegue no termina de aparecer. El síntoma más evidente son nuestras Semanas de la Moda dispersas que de vez en cuando enfocan al diseño de autor. En buena hora y, en medio de esa realidad, Krongold cumple 13 años marcando un paso diferente y lleno de color.  

Porque si hay algo que describe a la diseñadora es el constante trabajo silencioso, sin llamar la atención que desde 2012 enfunda a mujeres que disfrutan de la vestimenta como un canal de expresión, como un modo de ser lúdico, festivo, amoroso y original. No importa la edad. No importa de dónde venís. Vanesa te va a recibir con su mejor sonrisa y va a querer que vistas sus creaciones. Porque la purpurina, el neón, el rosa krongold, la sublimación, el jacquard, los tacos altos y las uñas con piedras brillosas no son solo para Barbie, son también para quien entienda que la moda es un statement, un statement porteño y arty.

Todo arrancó en los noventa, en la primaria, en su preadolescencia. La música 24-7 en la señal Mtv, Gwen Stefani, el ballet y las maratónicas tardes junto a su amiga mirando I-d, Vogue y todas las revistas de moda que pasaran por sus manos. Luego llegó el momento de elegir qué estudiar. No había opción de no formarse académicamente,  en su contexto familiar  había cosas que no se negociaban. Las oportunidades iban a estar siempre y cuando tuviera un compromiso en su formación profesional. El diseño de indumentaria fue la elección y cual caja de pandora, al recorrer los pasillos de la UP, entre figurines poco estilizados, paletas de colores estridentes y la mirada atenta de algunas docentes, Krongold se dio cuenta de que eso era lo que quería hacer. En simultáneo vino el rol de asistente en la revista Catalogue y la oportunidad de conocer el paño y de mostrar sus primeras creaciones.

A la par, ofició como fotógrafa en el área de moda de su facultad y así obtuvo las primeras ganancias con su arte. Porque al ver lo que construyó en su marca, en sus decisiones de fotografía, en el vestuario que diseñó para Porno y Helado ( la serie del director argentino Martín Piroyansky) no quedan dudas de que el arte resulta  una condición de producción de su hacer. 13 años fueron necesarios para que ella también lo aceptara y en esa línea articule todo su relato.

En la última edición de Bafweek Primavera Verano 2025, semana de la moda nacional, Krongold no sólo descolló por sus diseños, sino que dejó en claro que no se necesita un mega capital económico para desmarcarse del común denominador. El diseño de autor celebra que una joven se apropie del arte para dar a conocer su colección. Jugando con las escalas, Vanesa irrumpe en el quiebre, en el sacudón de convocarnos para ver su alta costura en una de las tiendas de telas del Once más conocidas por el ambiente del diseño, lejos de las pasarelas tradicionales.

Sin atisbos de mostrar decenas de modelos desfilando interminables pasadas, Krongold eligió a sus doce musas y las vistió con tules que iban desde los lilas opacos hasta los azules eléctricos, con brillantes tafetas, con jacquards en amarillo neón y con sublimaciones handmade. Delineó volúmenes balloon y mangas última tendencia, las arropó con denim bordado con infinitas lentejuelas de nácar, en colores rosas, violetas y negras. Las ubicó detrás de la cortina rosa, prendió las luces  mientras  que lla destreza de la DJ Haien aportó la magia del sonido de un piano con reminiscencias a La Valse d’Amélie de Yann Tiersen. Apenas se escucharon esos primeros arpegios, apareció Iman Kaufman con su ” total peluche” violeta para que juegue con los vestidos largos tejidos en red, las transparencias superpuestas y los strapless en denim. La fantasía se vistió con cortes irregulares y la yuxtaposición de vestidos con pantalones deportivos marcó la línea, simbolizando el vínculo entre lo alto y lo bajo: los vestidos haute couture haciendo match con los pantalones deportivos y las zapatillas Adidas, quien acompaña a la diseñadora  hace diez años. Su alta costura arty surgió de vestidos hechos a mano casi sin moldería, con muchas horas de trabajo. Cada pieza fue pensada para marcar otro ritmo, para abrazar una moda más consciente, diferente y única. Todo con las míticas botas de jacquard flúo en los pies.

Foto: @alejandropalomba

Llegar al epicentro de las telas de once fue parecido a llegar a una Avant premier. En Lavalle 2679, las luces aguardaban, los outfits y la música estaban preparados para una noche diferente. Sin un peinado igual ni un vestido similar, la alta costura porteña y arty brilló en el lugar por excelencia del diseño. El desfile performático terminó en la calle, con los fotógrafos a sus pies registrando el momento.

“13 vestidos imposibles” conformó una porteña arty haute Couture porque tuvo su sello personal. Trece vestidos hechos  a mano, en su atelier, con sus gestos de la experimentación textil, las huellas del tiempo dedicado a cada pieza, sin apuros, con el proceso de pensar, esbozar, cortar, teñir, sublimar, coser y unir. Pero no se agota en los rasgos formales y de confección. Lo artístico aparece también cuando despierta al espectador con un nuevo desfile performático. Cuando habilita el legado para continuar escapándole a lo que el sistema le pide. La consecuencia es que a Krongold la buscan las mujeres para vestir sus diseños. La vara está alta pero, sin dudas, el camino allanado.

Foto: @catalinaalmada
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