La línea de tiempo de esta recopilación de textos, en su mayoría derivados de mis crónicas de moda publicadas en el diario Página 12- Suplemento Las 12- y en La Nación Revista, se sitúa entre 2005 y 2022. Fueron clasificados según las coordenadas geográficas, los modismos, los artilugios y los pequeños gestos observados en las pasarelas no hegemónicas “antes de Instagram”. Unos y otros responden a la premisa de indagar en los modismos indumentarios regionales y en las señas particulares de las semanas de la moda alejadas de los dictámenes de la moda oficial que me invitaban a asistir como periodista de moda. Secretamente denominé a mi proyecto “el lado B de las pasarelas” y también: “Mis viajes por las capitales antimoda”

Los metros de chitá, una tela de uso popular con estampas de flores y tonos tropicales, engalanan paredes y sillones de una sala para prensa e invitados. Una versión reducida oficia de paño ornamental en cada vaso de caipirinha. Sucede que esos textiles llegados a Portugal desde la India inspiraron, además, a los expertos Renata Mellao, Renato Imbroisi y un grupo de colaboradores para la realización del libro “Qué chita bacana”, y también la muestra de vestidos y fotografías en el Museo do Casa Brasileira con trajes firmados por algunos de los nombres más influyentes de 8 viernes 11 de febrero de 2005- diario Página 12 la moda brasileña.
Ya en formato de empapelado, servilleta, material de documentación y atuendos para museo, la chita sirve de botón de muestra del modo en que Brasil, y más precisamente la organización del San Pablo Fashion Week, fusiona industria, diseño, tradición y negocios serios (las cifras oficiales de inversión en el SPFW alcanzan los 6 millones de reales) con un constante espíritu de celebración. Entre el 19 y 25 de enero, de 2005, esos cruces se pudieron apreciar en el parque Ibirapuera y en los pabellones construidos por Oscar Niemeyer –sede habitual de esta semana de la moda que el empresario Paulo Borges gestó en 1995 desde el centro de compras Morumbí-. Las tendencias para el invierno 2005, con frecuentes citas al folklore pero también en nuevas lecturas del estilo deportivo, se mostraron en cuatro salas por las que pasaron cuarenta fashion shows, aunque algunos desfiles se hicieron en teatros y galerías de arte. Mientras tanto, en los interiores colosales de la Fundación Bienal, la muestra “Miradas del Brasil”, consistió en una puesta de proyecciones ideadas por el artista Randolph Mutti y un ciclo de documentales sobre moda y urbanismo de la vida brasileña. La programación reunió tanto el anecdotario del b Aristócrata –un reducto de los años ’70– un viaje del director de cine Orson Welles a Brasil, pero también O lixo da moda, un documental sobre la basura y el costado menos glamoroso del SPFW, filmado durante la última edición de ese ciclo.
Las colecciones de Alexandre Herchcovitch son las más esperadas por sus fusiones de moda avant garde apta para el uso cotidiano y puestas descollantes. Así como en la edición anterior cautivó con miles de flores que adoptaron formas de osos y un parque tropical, en enero de 2005 la sala cuatro devino en una apología del estilo hecho en Sao Paulo.La puesta fue la irrupción sin pausa, y al ritmo del desfile de moda, de decenas de grupos de músicos, expertos en estilos tan disímiles como la ópera, el hip hop, virtuosos del violín y los tambores y hasta sonidos de un tango. Esos remixes hablaban también de las múltiples fuentes de inspiraciones y la experimentación en molderias y construcciones que hacen a la identidad de Herchcovitch, y fueron el soundtrack perfecto para una colección de invierno de inspiración barroca y tropical, en la que abundan piezas de sastrería negra, bonetes contrastados con tops y faldas de látex (obtenido del árbol seringueira ) con calados que citan a las guirnaldas mexicanas, estampas de flores y camuflado rara avis en pantalones. Desde las sillas, la audiencia fashionista combinó drag-queens, una princesa imperial, a Preta Gil, hija del músico y líder de una banda propia, un escritor de telenovelas que hacía research para los guiones del próximo gran culebrón hecho en Brasil, cuya trama estará vinculada con el mundo de la moda. El diseñador de 32 años, que empezó diseñando trajes para su madre en la adolescencia e ideó los looks más extravagantes s para el off de la escena paulista, actualmente realiza ocho colecciones anuales que, además de su tienda en el barrio Jardins y tres shoppings de Brasil, se venden en Nueva York, Londres, Japón y Canadá. Como indicadores de las fusiones comerciales y patrocionios, las modelos llevaron uñas postizas pintadas por una maquinita llamada Imaginail, que promete revolucionar el mundo de la manicura (tiene dos opciones de colores y la usuaria podría agregar fotos de su archivo propio), y también se desfilaron los últimos modelos de la alianza Herchcovitch con Melissa: consistió en botas de taco chino y caña corta en punta urdidas en tonos rosa chicle y arena.
Cuando en el transcurso de otra jornada, el diseñador presentó su colección masculina del propuso una recreación del estilo boxeador con influencias dandies: chaquetas y pantalones deportivos con telas y cortes de Saville Row aggiornados, foulards a lo Cary Grant, shirts con estampas de knock-outs, rostros maquillados simulando cansancio y algún ojo negro, y en las manos, en lugar de guantes, vendas médicas. El cinturón trofeo, resultante de esos rounds en la pasarela, llevaba efigie de calavera con iniciales AH y también la estrella de David.
Fuera de la bienal El Teatro Municipal de San Pablo (más precisamente su backstage) fue el sitio elegido por las diseñadoras de la marca Raia de Goeye , quienes afirman haberse inspirado en el mundo de Francis Scott Fitzgerald y la silueta de los años ’30. Resultaron prendas en sedas con lunares, estampados op art y abundantes faldas (mini y maxi), en tono sexy con modernidad de la una de las pocas colecciones sin citas folk Continuando con la modalidad de desfiles ideados en locaciones a redescubrir, el diseñador Reinaldo Lourenco, otro de los nombres más fuertes del mapa de la moda paulista, hizo su presentación en la Fundación Armando Alvares Penteado .
Antes de ingresar a una sala en blanco absoluto con una puesta de camas y ventanas a semejanza del film Dogville ( Lars von Trier, 2003), se impuso abstraerse del cocktail previo para contemplar los vitreaux y, también, las esculturas barrocas en madera. El hilo conductor fue un homenaje rocker traducido a chaquetas de cuero negro, a chaquetas grises con corsés , abrigos glam en dorado, pero también diversos vestidos en terciopelo con pasamanería. La colección, y el clima, más cautivante del circuito off pabellón fue la de Neón, marca que agrupa a los diseñadores Dudu Bertolini y Rita Comparato (él con un súper look de turbante y aros colosales que ofician de galas cotidianas), ambos debutantes en el Fashion Week. Fue presentada en el teatro Oficina , un edificio, construido por la arquitecta Lina Bo Bardi para otro revolucionario, el director de teatro Celso Martínez Correa. Las prendas modeladas fueron túnicas, caftanes, kimonos, faldas y bañadores con fabulosas combinaciones cromáticas y simpleza de formas, además de plataformas en technicolor desarrolladas en asociación con la firma Arezzo. Las prendas desfilaron con absoluto dramatismo y el dúo afirma que en su atelier hogareño recibe clientas de entre 15 y 70 años.
El joven Pedro Lourenco, diseñador de escasos 14 años, e hijo de dos de los nombres más influyentes de la moda brasileña –Gloria Coelho y Reinaldo Lourenco–, recurrió a la galería de arte Lemme para su colección con reelaboraciones de la campera Perfecto y vestidos con cierres en colores contrastantes
No todo fue arty, también estuvieron los grandes nombres de la industria del jean, léase Zapping, , Zoomp y Tritón (que se destacó por sumar a Giselle Bundchen en la pasarela, horas después de que la supermodelo fuera encerrada en un corralito de vallas metálicas para posar junto a la muestra fotográfica de Vogue, que celebraba su primera década en la escena de la moda). En muchos casos, la ropa no aportó nuevas molderías ni conceptos, pero, sin embargo me cautivaron las puestas por sus animales de utilería, las citas a Alicia en el País de las Maravillas o los falsos bloques de chocolate.
Entre las debutantes del ciclo SPFW invierno 2005 se alistó Fabia Bercsek –autora de una colección inspirada en el chamanismo y también en la cantante Cher–. Además de las canciones de Cher que compusieron la trilha sonora, los hits de Bercsek, fueron faldas y pantalones en blanco y verde.
La favorita de la prensa y los buyers internacionales fue Isabela Capeto. Su colección para el invierno 2005 mantuvo el sello colorido y los bordados y avíos de otras temporadas; se la pudo contemplar desde banquitos de madera especialmente construidos y luego de acceder con una invitación bocetada por su pequeña hija. Capeto es también la diseñadora de un línea más comercial para Club Chocolate, una tienda de tres pisos que además de reclutar piezas de diseño foráneo, de Rei Kawakubo a Helmut Lang y una selección de frutas y panes, tiene un rinconcito de lingerie y soft porno llamado “A Boutique das Meninas”.
Las cronistas norteamericanas que quedaron cautivadas por el folk de Capeto se compran varios vestidos de la colección de verano (que en liquidación cuestan 500 reales), mientras que las sudamericanas, en cambio, optamos por tomar nota de sus detalles ornamentales para encomendarlo a una modista. Me alivió la crónica del diario oficial del SPFW, un tabloide con fabulosas fotografías e ilustraciones que pregonó “el estilo Capeto, new retro y new vintage, recuerda a tesoros de abuelas y recupera el chic de los vestidos a medida hechos por una muy buena modista”.

